Ebook: La revolución tecnológica llega al medio escrito.

Publicado: 23 abril, 2010 en Artículos, Trabajos MPER
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A lo largo de la historia los medios de comunicación han sufrido varias revoluciones. Algunas de ellas, como la televisión o internet  han tenido un impacto tan masivo que ha afectado directamente a la vida en las sociedades actuales. Desde la orientación de los muebles de nuestro salón, a nuestra manera de conocer a primera hora de la mañana los resultados del fútbol. Todo ha cambiado con la llegada de nuevos medios. Y ahora le toca el turno al más antiguo, útil y leal de todos: el libro.

Con Sant Jordi, una de las citas literarias más famosas de nuestro país, a la vuelta de la esquina, es apropiado que hagamos un pequeño análisis de este fenómeno, que amenaza con revolucionar todo el universo literario desde sus cimientos. El libro, que se define como un “conjunto de hojas de papel u otro material que, encuadernadas, forman un volumen” según la RAE, es socialmente la representación más básica de la cultura, el saber y el conocimiento humano. La influencia cultural de este invento es probablemente la mayor de la historia y su esencia original y modelo de negocio se han mantenido prácticamente inalterables desde hace siglos.

La llegada de los libros digitales o eBooks es, desde hace unos pocos años, una realidad innegable. La invención de la tinta electrónica, que igualaba en calidad y comodidad de lectura a la tinta impresa, fue un paso de gigante que hizo suspirar a los amantes de la tecnología de todo el mundo. De ahí a que Amazon sacara a la venta y popularizara su Kindle (el eBook más vendido actualmente) había un paso. A partir de ahí Sony, Toshiba, Samsung, Inves y un largo etcétera de empresas tecnológicas han llenado el mercado con diferentes modelos, y ya son muchos los que babean ante la perspectiva de tener en sus manos el iPad de Apple.

Sin embargo, la llegada del libro electrónico, aunque revolucionaria, no es vista con miedo por los expertos. Más bien como una oportunidad. Román Gubern, ensayista y catedrático de comunicación audiovisual afirmaba en una entrevista al Norte de Castilla que, al igual que ha ocurrido en otros medios, la llegada del nuevo formato no expulsará al anterior sino que abrirá nuevas vías. Y puede que no le falte razón. Recordemos que la radio iba a ser la muerte de la prensa escrita, pero hoy muchos jóvenes compran el periódico cada mañana. La televisión iba a acabar con la radio, pero las audiencias de los locutores estrella todavía crecen. Internet iba a dar la puñalada a la televisión, pero se ha demostrado como el complemento perfecto para conseguir la programación personalizada. Los medios no parecen desaparecer, sino que estos avances parecen seguir la máxima de diversificar el mercado y dar nuevas oportunidades.

Así lo ven también muchos de los que se dedican a la venta de libros. Según las últimas encuestas, los gremios de libreros ven en la llegada del libro electrónico una oportunidad de ampliar su negocio, no sólo un peligro. Al igual que en otros mercados, los más rápidos y avispados podrán sacar mejor tajada de este formato, ya sea mediante la especialización, algo que ya han hecho diversas tiendas en España como “Leqtor.com”, o los nuevos modelos de negocio. Por otro lado, los libreros convencionales saben que los amantes del libro en papel son millones en todo el mundo y no renunciarán fácilmente.

“El libro digital es fantástico. Permite tener miles de libros en un espacio mínimo, ayuda al medioambiente al no usar papel y su comodidad en los viajes es insultante. Ahora bien, el olor, el tacto y las sensaciones que transmite un libro  impreso es algo que nunca podrá conseguir”, comenta Francisco Javier, un ejecutivo de Madrid que usa ambos medios de manera habitual. Los libros digitales serán un nuevo formato a la hora de afrontar la lectura, pero es poco probable que hagan desaparecer al libro de toda la vida. Al menos a corto o medio plazo.

Lo que sí que parece que va a afectar al mercado es la llegada de los nuevos lectores digitales. La llegada del iPad de Apple y dispositivos similares –como el Curier de Microsft o el Slate de HP– prometen hacer explotar el formato en pocos meses. En EEUU el iPad salió a la venta el pasado 3 de abril y arrasó: 300.000 ejemplares vendidos, 30 mil más que el iPhone el día de su estreno. Debido al éxito, la compañía de Steve Jobs ha decidió retrasar el lanzamiento en el resto del mundo para afianzar el mercado estadounidense. A España llegará el 10 de mayo y promete seguir con el mismo ritmo ya que las encuestas demuestran que aquellos dispuestos a comprarse un libro electrónico en el futuro apuestan por él antes que por las ideas de otros fabricantes. Lo que nos lleva a otra gran pregunta ¿iPad o ebook tradicional?

A día de hoy la elección depende del uso que se le quiera dar. El iPad  es un dispositivo multimedia, ideado para un público amante de las nuevas tecnologías que quiere ver películas, escuchar música, leer libros, mirar internet y recibir y enviar correo por mail en cualquier lugar a cualquier hora. El eBook es para aquellos que, simplemente, quieren leer. No tiene tantas opciones como su competidor, pero le supera en muchos aspectos importantes. Para empezar, en el precio (casi la mitad en la mayoría de modelos que ya circulan por España). Por otro lado, la pantalla mate de tinta electrónica de los ebooks es ideal para leer durante horas, mientras que la del iPad, con retro iluminación, es menos cómoda tras varios minutos. El peso suele ser menor, la batería dura más y el modo de guardar y clasificar los documentos es infinitamente más cómodo, sencillo y operativo. Muchos son los que harán lo que sea para evitar la dictadura de iTunes que conllevan los productos de la manzana.

Veremos cómo evoluciona el mercado en el futuro. En cualquier caso, las empresas harían bien en recordar la razón por la que Amazon pasó por encima de todos cuando los eBooks empezaron a ver la luz: el gato al agua en este negocio no se lo lleva el medio más avanzado técnicamente, sino el que crea el medio de distribución más competitivo

En cualquier caso los escritores deberían ir escaneando sus firmas. En Sant Jordi, el año que viene, igual tienen que hacer un corta-pega desde su ordenador portátil al eBook de sus lectores. Y es que el tiempo ya no pasa en balde ni tan siquiera para un buen libro.

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