Líneas, renglones y recuerdos.

Publicado: 19 octubre, 2010 en Artículos, Post Libres
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Ayer, como de costumbre, no podía dormir. Por lo general, cuando eso sucede, veo alguna peli, escribo, enredo por internet a ver si encuentro algo interesante o leo. La cosa es que recordé la cantidad de páginas de diarios que años atrás garabateé en varios cuadernos, en los que intenté plasmar y desahogarme  de una de las peores etapas que he tenido en mi vida.  Y le eché un vistazo que duró varias horas.

Me sorprendió mucho la manera de escribir que tenía, pero sobretodo, la tremenda influencia que tuvieron en mi personalidad aquellos años. La sensación de pérdida de identidad, la soledad en la que yo mismo me recluí, el miedo a confiar mis problemas a los demás, la búsqueda de unos valores nuevos que sustituyeran a los de antaño que -sentía-  ya no me valían. Visto en perspectiva no lo recuerdo ya como una época tan mala, pero supongo que, como les pasa a muchos otros, simplemente escribía cuando pensaba que tenía algo importante que decir y desahogarme. Tristemente éso suele ocurrir en periodos de transición o, más concretamente, en los malos momentos.

Leí cerca de 80 páginas en las que, curiosamente, me costaba reconocerme. No puedo decir que haya sido siempre la alegría de la huerta, pero en esos momentos estaba roto, anímicamente hecho polvo. Y recordé muchas cosas que se habían perdido en mi cabeza y a las que hacía mucho no daba vueltas. Fue una gran sensación. La prueba de una certeza que siempre he tenido sobre mi mismo: no sé pensar sin escribir. Simplemente no se me da bien. Hay quién necesita sentarse tranquilo a reflexionar, otros que necesitan pasear o hacer algún tipo de actividad al aire libre. Yo necesito escribir. Llenar hojas y hojas con el único fin de conocerme a mí mismo, aunque para ello haga falta una ojeada más de un lustro después. Un día lejano sé que le echaré un vistazo a las páginas que ahora escribo y espero tener la misma sensación, doblemente agradable con la certeza de que sólo yo conoceré las diatribas en las que fueron plasmadas y que sólo yo me beneficiaré –o no- de la reflexión y la comparación en torno a ellas.

En la universidad uno de mis profesores de historia decía que era estúpido el ansia de los hombres por escribir sus propias reflexiones en forma de diarios. Según él, de esa manera perdían fuerza sus otras obras (ningún diario tiene un gran estilismo, más que nada porque dicha faceta no tiene ninguna utilidad) y dejaba al descubierto tanto lo bueno como lo malo del autor. No estoy de acuerdo. Escribir sobre uno mismo no sólo puede ayudar a superar una mala racha, sino también a poner las piezas para enderezar el camino y una buena manera de aceptar y formar el propio carácter. Sin olvidar el gran chute de ego que produce poder leer doscientas páginas en las que tú eres el protagonista de tu propia historia.

Haced la prueba y en una década me contáis.

Chau.

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