La “revolución” española.

Publicado: 20 mayo, 2011 en Post Libres

Hace ya un par de días que en las redes sociales, en conversaciones, en los medios y prácticamente en cualquier situación que implique la conversación entre dos españoles me inundan con la “revolución” que se está gestando en España. Aprovecharé esta pequeña tribuna para decir lo que pienso al respecto.

Analicemos la situación: Por ejemplo en mi ciudad, en Madrid. Grupos de jóvenes, en su mayoría de izquierdas, sueltan soflamas en contra del capitalismo, piden “lo imposible”, “quieren el mundo y lo quieren ahora” y piden soluciones mientras se toman unos minis de Kalimocho y se fuman un cigarro (algo que curiosamente se hacía también en otras manifestaciones con más sentido como la del 12-M. Inconcebible). Y protestan frente a la Puerta del Sol, porque en Madrid gobierna el PP y es el enemigo “fascista” (dato gratuito: el 80% de los españoles no sabe lo que es el fascismo o el comunismo y utiliza tal calificativo erróneamente). Mientras el gobierno, que tiene algo más de culpa, se calla como una puta, como si la historia no fuera con él, puesto que le viene bien que otro se coma el marrón, que las elecciones están a la vuelta de la esquina. Y por último los medios de comunicación. Estos sí son coherentes: todos apoyan las protestas a su manera. Los contrarios al gobierno para decir que “se veía venir”, “como no van a estar cabreados con la que han liado”, bla,bla,bla. Y los otros, apoyando al “pueblo”, que no se diga. Que todos sabemos que no hay nada más representativo y democrático que una buena sentada en la plaza –qué más dan unas decenas de millones arriba o abajo ¿No?-.

Sería cómico si no fuera trágico. Y no porque las reivindicaciones que se piden sean falsas o equivocadas, sino porque parece que no tenemos ni puta idea de lo qué pasa. Y lo peor de todo: ni siquiera queremos saberlo. Nos creemos que por sentarnos unos cuantos cientos, o miles, en una plaza de una gran ciudad estamos haciendo algo, cuando la realidad es que, no sólo ese gesto será olvidado por la opinión pública en unas semanas, sino que muchos de los que se sientan allí y ondean pancartas pasado mañana ni se acordarán. Porque no les interesa, simplemente quieren formar parte de algo y sentir que ellos “lucharon”. Ni siquiera nos preguntamos por qué esto se ha convocado en la fecha que se ha convocado, ni si los eslóganes que se gritan tienen sentido. Y de pararse a pensar como nos están manipulando ni hablar, que para una “revolución” que tenemos no nos vamos a andar con mandangas.

Somos un panda de borregos. Y no es ésta generación únicamente. La pertenencia a un grupo, el sentirse integrado en un colectivo y el apoyo entre personas ha sido desde hace siglos una de las características de toda sociedad. Necesitamos formar parte de algo para sentirnos plenos, para conseguir en la masa aquello que no conseguimos tener a nivel individual. Esa circunstancia es algo innegable o los distintos movimientos sociales, desde las tribus urbanas, los movimientos ecologistas o los regímenes totalitarios. Y las manifestaciones, demasiadas veces, no son más que el más triste, fugaz y ridículo de esos ejemplos.

Veo en los medios y las redes sociales a gente de toda clase que clama contra “el sistema”, ese cabrón que nos putea a todos y que se encarga de joder el mundo y crear injusticias por allá donde va. Y parece que no nos damos cuenta que el “sistema” no es un ente ajeno que dirige nuestras vidas. El sistema somos nosotros mismos. La sociedad, el pueblo, la masa, los habitantes de los diferentes países. Y cuando el “sistema” falla, no es que 4 desgraciados se hayan encargado de joderlo. El error viene de que todos hemos fallado como sociedad. Y no es algo que los bancos hayan hecho a espaldas de los ciudadanos, o los políticos engañando al “pueblo” o las grandes empresas amasando dinero robado a los pobres. Somos nosotros los que hemos hecho posible esta situación, los que hemos fomentado esto durante muchos año. Los que nos hemos ganado a pulso los políticos, los empresarios, los banqueros y los hijos que tenemos. Lo hemos hecho con nuestra incultura, con nuestra avaricia, con nuestro hedonismo y con nuestra falta de valor. Y sí, en el caso de España los jóvenes tenemos buena parte de culpa.

Veo a gente clamando contra los bancos que han robado a la gente, jugando con sus ahorros y luego pidiendo a los gobiernos que les saquen del apuro con el dinero de los mismos ciudadanos. Y tienen razón, eso ha ocurrido. Ahora bien ¿Quiénes son los que durante años han depositado su dinero en esos mismo bancos? ¿Quiénes son los que se compraban hace no mucho un piso porque: “era una buena inversión ya que el poco después valdría más”? ¿Quiénes son los que pedían una hipoteca a 50 años teniendo un sueldo de 1000 euros? ¿Quiénes son los que ganaban 10 y gastaban 15? Nosotros. Los lerdos que siempre hemos sido. A nadie le apuntaban con una pistola a la cabeza para que pidiera una hipoteca.

Veo pancartas que claman contra una clase política corrupta y contra unos medios de comunicación vendidos al gran capital. Que mienten al “pueblo” ¿De dónde han salido esos políticos y esos directores de medios? De nuestra misma sociedad. Han mamado lo mismo que nosotros y repiten pautas que yo mismo he observado en la calle prácticamente cada día. Nos quejamos de los malos que son sin querer comprender que eso mismo lo hemos abonado todos día tras día en nuestra vida. Vivimos en un país donde las figuras más mediáticas y seguidas son analfabetos sin ninguna ética, donde millones de jóvenes sólo pensamos en echar un polvo y tomar cubatas el fin de semana. Vivimos en un país obsesionado con lo material, donde el culto, el prudente y el honrado son bichos raros y donde si no tienes un buen coche o tu novia no ésta cañón muchos te miran por encima del hombro. Vivimos en un país donde hasta los más decentes se han ido sin pagar de los bares, le han puestos los cuernos a su pareja o han robado alguna vez en una tienda. Vivimos en un país dónde la TV sólo da mierda y millones se sientan todos los días a disfrutarla. Pero luego nos extraña que los que dirigen el cotarro sean tontos del culo y unos golfos. SOMOS UN PAÍS DE LADRONES E INCULTOS. Pensad a cuantos de vuestros amigos, esos que son tan graciosos y que animan tanto el cotarro, les daríais el apoyo para dirigir vuestras vidas. Mejor aún, pensad a cuál de ellos le dejaríais la tarea de dirigir la vida de millones. Sé que ningún amigo mío confiaría en mí. Y soy bastante decente y organizado.

Aquí nunca nos hacemos cargo de nuestros errores. Cuando las cosas van bien todos nos queremos colgar la medalla, pero cuando se lía parda nadie reconoce su culpa. Somos especialistas en quejarnos del de al lado -o mejor dicho del de arriba-, porque admitir que la cagaste, en España, está mal visto. Deberíamos incluso estar orgullosos: somos el país con más inocentes de todo el planeta.

Por favor, seamos serios. Buena parte de la población de España ni siquiera conoce la historia de su propio país y mucho menos la de más allá de nuestras fronteras. No lee periódicos, ni libros. Tampoco trata de sentarse a pensar y entender el mundo en el que vive y mucho menos analizar las diferentes informaciones y fuentes. Nos quejamos de lo mal que funciona el mundo y queremos cambios, pero ni siquiera le hemos echado unas horas a conocer por qué estamos así y de dónde ha venido todo esto. Luego opinamos (con dos cojones) y de copas con los amigos decimos que “el hambre se acababa en un año si yo pudiera”.

Es muy triste ver tanta hipocresía, tanta falta de vergüenza y tanta demagogia. Pero es aún más triste ver lo fácil que lo ponemos, como nos dejamos arrastrar y manipular sin pensar siquiera en las consecuencias. Aquí nos dan un panfleto lleno de mensajes vacíos y todos corremos en manada a pedir “lo imposible”. Luego nos preguntamos cómo es que un loco como Hitler pudo alcanzar el poder en un país como Alemania.

Somos simples, estúpidos, incultos y vagos. Y seguimos sin querer aceptar que ésa es la base de todo y que mientras eso no cambie nada será diferente por muchas décadas, gobiernos o vacas gordas que lleguen. Las flacas vendrán detrás.

Tenemos un país que, aparte de una historia y tradición cuando menos curiosa, tiene una media de lectura de risa, con 17 sistemas educativos distintos a cada cual peor, con un sistema autonómico en el cada uno barre para su casa, una clase política con menos formación que los conserjes de sus propios edificios públicos, con una “universitis” aguda que hace que hasta el más tonto (yo soy un claro ejemplo) tenga una carrera, con lo que el país escupe una media anual de licenciados que es imposible de asimilar por el mercado laboral español. Y eso los que estudian, otros se pasaron el cole fumando canutos y haciendo pellas y ahora se sienten indignados porque no tiene oportunidades. Nos ha jodido. Antes el que no valía para estudiar –o no quería- aprendía un oficio. Ahora no. Todos queremos trabajar en algo de mucho luxe y llevar un nivel de vida envidiable…y no seguimos extrañando de que las cosas revienten cada X años.

Todo esto no quiere decir que los “poderosos” estén libres de culpa. Es cierto que los bancos se han aprovechado de todo esto y han ayudado a que ocurriera. Como lo es que la clase política (los de ahora principalmente, pero los de antes lo abonaron) por su ineptitud y sus mentiras (“Vamos a llegar al pleno empleo” decía el presidente hace un par de años) han ayudado a llegar a esto. Pero no nos engañemos: esto lo hemos creado todos juntitos. “Los de arriba” vivieron muchos años abajo, con el resto. Y no sufrieron una transformación cuando alcanzaron el poder. Son los mismos pobres desgraciados que eran, cometiendo sus mismos errores y con la misma falta de visión que siempre han tenido. Probablemente menos de la que tendría un altísimo porcentaje de la población en esos puestos. No son cuatro los que han fallado. Somos todos. Es la forma de pensar y de actuar diariamente lo que ha hecho que las cosas estén como están en España .Y no desde hace dos años. Ni tres. Ni 10. Esto es algo que arrastramos desde hace mucho tiempo en este país y negarlo y no querer asumirlo es una estupidez. Fiel reflejo de la sociedad que tantas ganas tiene de gritar.

Así que si queremos manifestarnos y clamar contra “el sistema”, hagámoslo. Pero que de una manera seria y coherente. Por gente que de verdad esté comprometida y con un mensaje concreto detrás, no una lista de frases demagógicas para que los asistentes se puedan poner su camiseta de Che Guevara con la cabeza bien alta.ESTO NO ES MAYO DEL 68 (también muy sobrevalorado). No vamos a cambiar el mundo. Todas las revoluciones en occidente ya fueron hechas, pero incluso para conseguir un cambio hace falta valor, inteligencia, tiempo, constancia, vergüenza torera y sí, mucho trabajo. Mucho más del que demostramos días tras día poder ofrecer. Y por supuesto más del que estamos demostrando estos días porque me gustaría hacer una encuesta a ver cuántos estarían verdaderamente dispuestos a crear un proyecto político serio o alguna otra medida similar.

Menos manifestaciones y más cambios en el día a día. Y la próxima vez que estemos en el sofá y empiece “Operación ni-ni” o “Sálvame” (por citar dos productos vomitivos que hemos convertido en altamente rentables), en lugar de quedarnos viéndolo con la cerveza en la mano, nos levantamos, apagamos la TV y no sentamos a leer un buen libro. Uno de esos aburridos que hay en la biblioteca del abuelo y del que no se ha hecho todavía la película. Y el día de las elecciones, si hay un candidato que nos gusta, aunque no vaya a tener ninguna representación, le votamos. O si no, usamos el voto útil, pero con la condición de que luego no digamos “que el sistema nos aboga al bipartidismo”. (Que la democracia no siginifica que gane el que nos gusta y si no la puta al rio).Podría poner unos cuantos ejemplos más, pero creo que no es necesario.

Y sí, a mí también me ha afectado la crisis y estoy cabreado. Y me da mucha lastima por los miles de personas decentes y trabajadores que se han quedado enredados en las redes de la crisis economica.Pero no voy a ir a esta manifestación. A esta no.

A día de hoy (3-8-2011) el movimiento 15-M no sólo no ha desaparecido, sino que han conseguido exportarlo a nivel internacional. Sigo sin estar de acuerdo en un buena parte de sus postulados y forma, lo que no es óbice para reconocer su esfuerzo y el hecho de que me equivoqué en lo referente a su duración.

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comentarios
  1. Paty dice:

    Amigo, me has convencido. Debemos comenzar el cambio desde el individualismo, para cambiar una sociedad completa y no exigir sin hacer nada al respecto. Sin embargo, creo que es una contradicción, porque al final los más currantes pagan más las consecuencias. Mira si no quién está en el extranjero por la “puta” situación española.

    Besos desde Londres a Berlín 😉

  2. Mangurrián dice:

    Amén

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