SIMPLEMENTE…LEMMY

Publicado: 19 diciembre, 2011 en cine, Música, Post Libres
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Si hay una cosa que abunda en el rock´n roll es el fanatismo. Todo grupo, pequeño o grande, en mayor o menor número, tiene fans. Algunos llegan a vender millones de discos y son reverenciados y alabados en todo el mundo. Sus fans lloran en sus canciones, las claman en sus conciertos, las escuchan en el salón de su casa, en su dormitorio, en la calle mientras van al trabajo o pasean a su perro. Y acaban haciendo de esa música parte de sus vidas.

Como digo, ese fanatimo se puede encontrar a miles dentro del rock´n roll ( no digamos ya dentro del mundo musical en general), así que tampoco debería sorprender a nadie. Lo que sí llama la atención son ciertos casos dentro de esa corriente. Personajes que parecen tener unos fans “diferentes”. Quizá por su personalidad o quizá porque esos mismos fans son también leyendas. Ese parece ser el caso de Lemmy Kilmister: Es la leyenda de las leyendas.

Lemmy nació en Burslem (Staffordshire) en 1945, pero se crió en Gales. Y tal y como relata el documental sobre su vida: “Lemmy: 49% motherf**ker, 51% son of a bitch”, ésta ha sido un camino sin descanso para convertirse en estrella del rock´n roll. Casi dos horas de documental en el que conocemos un poco más del ya mítico líder de Motörhead y el porqué de la fama que le acompaña.

Al primer vistazo uno puede pensar que este es un caso como hay muchos otros. Un tío viejuno con pintas entre cowboy y motero que sigue subiéndose a un escenario porque no tiene otra cosa que hacer para vivir. Y en esencia es eso. Sin embargo, basta rascar un poco para convencerse de que el caso de Lemmy no es igual al de otros. Motörhead nunca ha sido una banda que rompiera récords de ventas o llenara inmensos polideportivos, pero muy pocas estrellas del rock gozan del respeto que este sujeto tiene en su gremio. Metallica, Foo Fighters, Black Sabbath, Megadeth, Motley Crue, Rancid, Joan Jett y en larguísimo etcétera de personajes que los que disfrutamos el rock idolatramos, aparecen en el film unidos por un hilo común: La tremenda admiración que todos sienten por el “Padrino del Heavy metal”.

Y lo cierto es que es lógico. Es imposible no sentir respeto por este hombre. No porque sea un ejemplo a seguir. Un tío que ha pasado la mayor parte de su vida con una enorme adicción al speed (y otras drogas de diversa dureza…), con un problema de alcoholismo que le acompañará hasta la tumba, una ludopatía que ocupa buena parte de su tiempo fuera de la música y un concepto de las mujeres y el amor que roza la filosofía cirenaica no es precisamente el ejemplo que una sociedad debería seguir…

¿O tal vez sí? Porque hay un aspecto de la vida del señor Kilmister del que todo el mundo debería impregnarse: Individualidad. Lemmy no vive para nadie, ni deja que nadie viva para él. No permite que la sociedad o el resto de seres humanos decidan respecto a su vida. No se adapta a las normas, sino que sigue las suyas. No hace las cosas a la manera que otros creen que deben hacerse, ni se guía por el camino más cómodo o práctico. Lemmy Kilmister vive como él quiere vivir, haciendo las cosas como él quiere hacerlas y aceptando su vida y sus errores como algo propio, sin culpar a otros y sin permitir que ningún establezca cómo debe pensar, actuar, hablar o creer. Y la gente le adora porque es lo que muchos quieren ser. Libres. Y sólo es libre el que se sabe responsable único de su vida y se considera un fin en sí mismo.

La película muestra perfectamente todo esto. Un hombre que valora su opinión por encima de la de cualquier otro. Que vive en el mundo pero no acepta valores impuestos. Sí, Lemmy resulta atractivo porque cada uno de sus actos, palabras y gestos transmiten una filosofía muy clara: Si estás de acuerdo conmigo y con mi camino, estupendo. Si no, apártate y déjame en paz.

Viendo el documental me ha ocurrido algo muy similar a lo que sentí leyendo “Larga huida del infierno” de Marilyn Manson (por poner otro ejemplo musical) y algunos libros de diversas corrientes filosóficas. Sentí admiración y empatía. Admiración no por el estilo de vida mostrado, sino por los valores que rigen esas vidas. Empatía porque desde hace muchos años creo que ése es el camino correcto. Vivir egoístamente (en el mejor sentido del término). Sin pedir perdón por ser quien eres, ni eludir la responsabilidad de aquello que te ocurre.

Sí. Lemmy es un grande. Autodestructiva y alcohólicamente. Pero grande al fin y al cabo.

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