ENVIDIA: LA ENERGÍA QUE MUEVE EL MUNDO

Publicado: 12 septiembre, 2012 en Post Libres

La noticia debería pillarme de sorpesa, pero no es así, porque en el fondo ya me lo esperaba. Ocurre cada cierto número de años ante el empuje de una gran empresa, y Apple, la compañía más grande (en cuanto a cifras) de la historia, no podía escapar.

Ocurió con Standard & Oil, ocurrió con Microsoft, ocurrirá con Apple, y si no cambiamos la mentalidad, le ocurrirá a la próxima que sea capaz de revolucionar su sector. La competencia, los gobiernos, y los medios lanzarán el “fantasma” del monopolio y millones de personas apoyarán una nueva regulación que, como siempre, será un gran error.

Es la historia de siempre y la razón por la que me repugna el patético código moral en el que vivimos sumidos. Una norma no escrita, nunca pronunciada, simpre camuflada y movida por la envidia del débil: La de castigar a quien es bueno y brillante en lo suyo por serlo. El freno al mejor precisamente porque es el mejor. El odio al más competente y eficaz por no ser capaces de alcanzar su nivel de excelencia.

¿Qué clase de sociedad estamos creando? Buscamos excusas, valores para defender nuestra actuación, pero la realidad es que fomentamos que se premie a quien no lo merece y se castigue a quien sí. Se sostiene que esas medidas harán crecer el mercado, pero es completamente falso. Se dice que Apple -Probablemente la empresa más innovadora y revolucionaria de los últimos años- dejará de aportar si controla su mercado, y que gracias a estas medidas, se incentivará la creatividad y se crearán nuevos productos.

¡Es todo mentira!

En primer lugar, la posición de dominio de una empresa no frena la creatividad, sino que la fomenta.Si alguien quiere entrar en un mercado dominado por una empresa consolidada ¿Qué debe hacer? Exacto: Innovar. Crear y desarrollar nuevas ideas, o mejorar las ya existentes, para ofrecer algo nuevo. Su otra opción será copiar, pero no dará un resultado a largo plazo puesto que se verá superada (en un mercado libre) por la empresa dominante que es, con justicia, mejor y más competente. Y está bien que así sea. Para el mercado, para el desarrollo y para el cliente. El mejor siempre ofrecerá el mejor producto o servicio y la mejor calidad precio por una razón muy simple. Si no lo hace (repito, en un mercado libre) perderá su posición inmediatamente.

En 2º lugar, los monopolios los crean las regulaciones gubernamentales. En un sistema capitalista (que aún no existe) las posibilidades de que una empresa se haga con el control total de un mercado durante un período prolongado son mínimas. Dicha posición obligaría a la empresa dominante no sólo a defenderse de los ataques conjuntos de sus competidores, sino que obligaría a mantener el mayor standard de calidad de manera continuada para no perder clientes y esta situación, a largo plazo, es casi imposible de llevar a cabo. Nunca ha ocurrido. La existencia de monopolios simpre va de la mano de regulaciones estatales (empresas públicas, o que pasan a privadas con todo el mercado ya controlado) porque la propia dinámica del libre mercado no los permite, del mismo modo que la ley de la supervivencia del más fuerte no destruye un ecosistema natural, sino la acción del hombre que altera dicha dinámica.

Y por último, la cuestión moral: ¿Qué derecho tiene alguien a robar una idea a su creador? No a comprarla o recibirla mediante un mutuo acuerdo, no. A robarla. A desposeer al creador de su obra, obligarle a firmar un papel que dice que ya no es suya, que no merece enriquecerse por su labor y su aportación. Anulando su derecho a la propiedad privada para beneficio de otros que no merecen mérito alguno. Imitadores y rastreros que no saben otra cosa que copiar los logros de otros por ser incapaces de imaginar una idea propia. A ellos se beneficia con estas medidas. A los que no lo merecen.

Vamos camino de destruirlo todo. No por utilidad, ni por riqueza, ni por excesos. Lo hacemos por permitir que se fomente la injusticia en todos los aspectos de la vida y desoír todas las reglas que rigen el mundo y que se han demostrado ciertas a través de la historia. Los valores que defendemos actualmente acabarán con todo antes o después: El rico, aunque haya hecho su fortuna honradamente y con su propio esfuerzo, es un hijo de puta que debe cargar y ser sacrificado en favor de los demás; La gran empresa que desarrolla nuevas tecnologías, ideas y mercados, cuya labor da trabajo a miles de personas, merece ser asfixiada en favor de aquellos menos competentes e incapaces de alcanzar su nivel de calidad; Las personas, aunque tengan capacidad para ser libres y responsables de su propia vida, deben ser supeditadas a la voluntad del estado, que pese a no producir nada, decide cómo hay que ganarse la vida, qué debe saber uno y qué no, cuándo debe vivir o morir o cómo gastar su (tu) propio dinero pese a haberlo ganado con el sudor de su (tu) frente.

Tenemos el mundo que la mayoría quiere, pese a que no quieran verlo ni hacerse responsables de ello. Fruto de sus propias ilusiones, de sus ideales erróneos. Tenemos el mundo que habéis pedido.

Lo demás son todo mentiras.

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