DOBLE RASERO

Publicado: 5 noviembre, 2013 en Artículos, Post Libres
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Recapitulemos: Hará unos meses, un diputado del partido griego Amanecer Dorado apuñaló a un conocido cantante de rap de extrema izquierda en Grecia. Ante semejante barbaridad toda la izquierda europea clamó contra Amanecer Dorado, y de paso, contra los partidos de extrema derecha del continente, pidiendo, no sólo que se juzgue con todo el peso de la ley al animal que cometió el asesinato, sino además, la prohibición de propio Amanecer Dorado (algo que se llevó a cabo poco después) junto a todos los partidos de extrema derecha del Europa.

Por mi parte diré que no me parece mal. No soy partidario de que haya animales así en política y viviendo de nuestros impuestos. Y mucho menos de que estén en el parlamento hombres que no reconocen ni creen en la democracia y cuyo deseo es abolir la misma nada más lleguen al poder. Que quede claro.

Lo que me parece desconcertante es que lo que ha ocurrido después y que apenas ha sido comentado en los medios y redes sociales: Dos partidarios de la extrema izquierda griega, subidos a una moto, acribillaron a tiros a dos miembros de Amanecer Dorado en plena calle. Y nadie se ha inmutado. Parece normal. Legítimo. Justo ¿A dónde vamos a llegar?

Del mismo modo que el uso de la violencia es una causa legítima para expulsa a un partido de extrema derecha de un parlamento, un acto como el indicado tampoco debería quedar impune para la izquierda. No pueden ser diferentes los actos de uno y otro bando. Si desaparecen partidos como Amanecer Dorado, también deberán hacerlo partidos comunistas, anarquistas, o de extrema izquierda, pues sus postulados son tan totalitarios y antidemocráticos como los primeros, y su historia, aún más sangrienta.

Alguien dirá que el acto es una respuesta, y por lo tanto, legítimo. Bueno, no estoy de acuerdo. Un crimen como venganza, aunque pueda estar atenuado, no deja de ser un crimen que ha de pagarse. No podemos saltarnos las leyes sin castigo. No puede permitirse que vuelvan los tiempos de la Guerra Civil española (por poner un ejemplo), con los milicianos de uno y otro signo matándose por las calles en una especie de guerra de bandas. Por otro lado, nadie ha sido más agresivo e intolerante que la izquierda (baste con notar el porcentaje de grupos terroristas ideológicamente de izquierdas, los movimientos revolucionarios que causan disturbios y agresiones de manera continua, o los ataques, verbales o no, hacia aquellos que se atreven a criticar sus postulados).

Un crimen es un crimen, y el mismo acto, por ambas partes, no pude ser juzgado de modos diferente.  Menos aún olvidado de manera consciente. No puede haber asesinos buenos y asesinos malos. Al menos, no en un estado de derecho en el que todos los ciudadanos tengan el deber de supeditarse a la ley. Lo contrario es una bomba de relojería en toda regla.

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