“EL FIN DE LA ETERNIDAD”, ISAAC ASIMOV

Publicado: 11 noviembre, 2013 en Artículos, Literatura, Post Libres
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Nunca he sido especialmente fanático de la ciencia ficción. Quiero decir que mientras que muchos de mis amigos babeaban y se disfrazaban de Star Wars, o mi primo veía una y otra vez las pelis y las series de Star Trek, a mí me daba un poco igual ese mundillo. Ese rollo futurista, donde las reglas tal y como las conocemos son cambiadas día a día, y el vestuario es, casi siempre, de goma ajustada y todo como muy de diseño, siempre me ha dado una singular pereza. Lo cual no es inconveniente para reconocer que, como escritor, es un género que ofrece infinitas posibilidades  de narración y al que se le puede sacar mucho jugo.

Sin embargo, tras darle muchas vueltas, pensé que uno  ha de leer de todo (al menos un poco), así que decidí echar un ojo a algún libro del género pues , más allá del cine y la TV, la literatura de ciencia ficción ha sido, y es, terriblemente popular. Un buen amigo -ducho en este tipo de libros- fue quien me recomendó “El fin de la eternidad”, obra de uno de los grandes de la ciencia ficción: Isaac Asimov. Y he de decir que el libro me ha sorprendido muy gratamente.

Su historia nos traslada al futuro, en el que el viaje en el tiempo es prácticamente el pan nuestro de cada día, de la mano de la institución conocida como la Eternidad, cuya tarea es, ni más ni menos, que la de moverse a través del tiempo alternando la realidad de manera que los grandes desastres de la civilización humana no lleguen a ocurrir. Mediante conocimientos y estimaciones matemáticas, los expertos calculan las repercusiones futuras de los actos, de manera que las guerras se frenan antes de que ocurran, al igual que los accidentes o cualquier otra situación desagradable que podamos imaginar. Un avión que se pierde, una prenda que no se encuentra o un segundo de retraso cambian el curso de la historia, controlada y reescrita de manera continua más allá de la comprensión de los ciudadanos corrientes.

Los encargados de  estos cambios no son otros que los conocidos como ejecutores, y es uno de ellos, Andrew Harlan, quien se encarga de protagonizar la historia. Harlan es la imagen perfecta de su profesión: Frío, fiable, estricto, escrupuloso y certero. No comete errores ni incumple las reglas. Y por si fuera poco atesora unos enormes conocimientos de los siglos primitivos (los nuestros), es decir, aquéllos situados antes de la invención del el viaje temporal. Trabajando para su jefe, Laban Twisell, Harlan se ve envuelto en una trama cuyo papel no entiende demasiado, pero que realiza a la perfección. Todo cambia al conocer a Noys Lambent. El extraordinario deseo de Andrew por ella hará que se replantee toda su conducta y su sistema de creencias, lo que afectará profundamente a la Eternidad , y por lo tanto, a la raza humana.

Parece sencillo, pero no lo es. De hecho es una de las novelas que más obliga al lector a estar atento a cada palabra y descripción (al menos de las que yo he leído). Pero no obstante, Asimov cuidó tanto el desarrollo que al poco tiempo, uno comprende realmente bien el funcionamiento de la Eternidad y sus desplazamientos entre los siglos 27 y 100.000 de la historia de la humanidad. Un trabajo originalísimo de creación y construcción con una trama que, francamente, deja al lector alucinado en sus instantes finales.

¿Fallos? Los hay. El primero es que durante buena parte del libro echamos en falta algo más de acción. La tensión es muy baja durante la primera mitad e la novela y no es hasta sus últimas páginas que la cosa empieza a animarse. Y eso, a su vez, es otro problema: El final es demasiado brusco. Después de cientos de páginas, la epopeya de Andrew Harlan se resuelve en menos de dos docenas de páginas que, pese a su maestría, nos dejan con la sensación de que otras 50 le hubieran venido verdaderamente bien.

Sin embargo, estos fallos no son en absoluto un motivo para descartar una novela que ofrece un guión sumamente inteligente y bien hilvanado, así como una muestra perfecta muestra de las posibilidades de narrativas de ciencia ficción en general, y de Asimov en particular. Todo un descubrimiento que, ahora sí, sé que no será la última del género sobre la que posaré los ojos. Muy recomendable.

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