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Si hay una cosa que abunda en el rock´n roll es el fanatismo. Todo grupo, pequeño o grande, en mayor o menor número, tiene fans. Algunos llegan a vender millones de discos y son reverenciados y alabados en todo el mundo. Sus fans lloran en sus canciones, las claman en sus conciertos, las escuchan en el salón de su casa, en su dormitorio, en la calle mientras van al trabajo o pasean a su perro. Y acaban haciendo de esa música parte de sus vidas.

Como digo, ese fanatimo se puede encontrar a miles dentro del rock´n roll ( no digamos ya dentro del mundo musical en general), así que tampoco debería sorprender a nadie. Lo que sí llama la atención son ciertos casos dentro de esa corriente. Personajes que parecen tener unos fans “diferentes”. Quizá por su personalidad o quizá porque esos mismos fans son también leyendas. Ese parece ser el caso de Lemmy Kilmister: Es la leyenda de las leyendas.

Lemmy nació en Burslem (Staffordshire) en 1945, pero se crió en Gales. Y tal y como relata el documental sobre su vida: “Lemmy: 49% motherf**ker, 51% son of a bitch”, ésta ha sido un camino sin descanso para convertirse en estrella del rock´n roll. Casi dos horas de documental en el que conocemos un poco más del ya mítico líder de Motörhead y el porqué de la fama que le acompaña.

Al primer vistazo uno puede pensar que este es un caso como hay muchos otros. Un tío viejuno con pintas entre cowboy y motero que sigue subiéndose a un escenario porque no tiene otra cosa que hacer para vivir. Y en esencia es eso. Sin embargo, basta rascar un poco para convencerse de que el caso de Lemmy no es igual al de otros. Motörhead nunca ha sido una banda que rompiera récords de ventas o llenara inmensos polideportivos, pero muy pocas estrellas del rock gozan del respeto que este sujeto tiene en su gremio. Metallica, Foo Fighters, Black Sabbath, Megadeth, Motley Crue, Rancid, Joan Jett y en larguísimo etcétera de personajes que los que disfrutamos el rock idolatramos, aparecen en el film unidos por un hilo común: La tremenda admiración que todos sienten por el “Padrino del Heavy metal”.

Y lo cierto es que es lógico. Es imposible no sentir respeto por este hombre. No porque sea un ejemplo a seguir. Un tío que ha pasado la mayor parte de su vida con una enorme adicción al speed (y otras drogas de diversa dureza…), con un problema de alcoholismo que le acompañará hasta la tumba, una ludopatía que ocupa buena parte de su tiempo fuera de la música y un concepto de las mujeres y el amor que roza la filosofía cirenaica no es precisamente el ejemplo que una sociedad debería seguir…

¿O tal vez sí? Porque hay un aspecto de la vida del señor Kilmister del que todo el mundo debería impregnarse: Individualidad. Lemmy no vive para nadie, ni deja que nadie viva para él. No permite que la sociedad o el resto de seres humanos decidan respecto a su vida. No se adapta a las normas, sino que sigue las suyas. No hace las cosas a la manera que otros creen que deben hacerse, ni se guía por el camino más cómodo o práctico. Lemmy Kilmister vive como él quiere vivir, haciendo las cosas como él quiere hacerlas y aceptando su vida y sus errores como algo propio, sin culpar a otros y sin permitir que ningún establezca cómo debe pensar, actuar, hablar o creer. Y la gente le adora porque es lo que muchos quieren ser. Libres. Y sólo es libre el que se sabe responsable único de su vida y se considera un fin en sí mismo.

La película muestra perfectamente todo esto. Un hombre que valora su opinión por encima de la de cualquier otro. Que vive en el mundo pero no acepta valores impuestos. Sí, Lemmy resulta atractivo porque cada uno de sus actos, palabras y gestos transmiten una filosofía muy clara: Si estás de acuerdo conmigo y con mi camino, estupendo. Si no, apártate y déjame en paz.

Viendo el documental me ha ocurrido algo muy similar a lo que sentí leyendo “Larga huida del infierno” de Marilyn Manson (por poner otro ejemplo musical) y algunos libros de diversas corrientes filosóficas. Sentí admiración y empatía. Admiración no por el estilo de vida mostrado, sino por los valores que rigen esas vidas. Empatía porque desde hace muchos años creo que ése es el camino correcto. Vivir egoístamente (en el mejor sentido del término). Sin pedir perdón por ser quien eres, ni eludir la responsabilidad de aquello que te ocurre.

Sí. Lemmy es un grande. Autodestructiva y alcohólicamente. Pero grande al fin y al cabo.

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Hacía muchos meses que esperaba impaciente para ver el documental de Tom Dicilio: When you are strange, en el que el director relata la historia de la mítica banda estadounidense The Doors y la trayectoría de su líder y cantante James Douglas Morrison. Lamentablemente, tengo que decir que el resultado no ha sido todo lo satisfactorio que esperaba.

Durante aproximadamente una hora y media, la voz del gran Johnny Depp narra la historia de una de las bandas más grandes de la historia del Rock´n Roll, pero se deja en el tintero muchísimos momentos memorables e importantes datos de contexto para comprender la historia en su totalidad.

La información acerca de los primeros años de la vida, tanto de Morrison como del resto de los integrantes de la banda, es prácticamente nula. Se pierden viajes, amistades y referencias que fueron las que convirtieron a Jim Morrison, Ray Manzarek, Robbie Krieger y John Densmore en las estrellas del rock que aún hoy, y por derecho propio, son. Echamos en falta conocer cuál era la situación de Jim antes y durante la UCLA, qué posturas y formas de ver la vida tenía cada uno , y en general,  una información más completa acerca de esos años. Sin olvidar que cae en errores importantes como el hecho de que Jim cortó ya en sus años universitarios casi toda relación con su familia.

En ese tintero también se olvidan los primeros pasos de la banda, que constituyen, probablemente, su período más intenso y fructífero, en el que se ganaron la fama y parieron algunos de sus temas más grandes. Años después, Jim recordaba esa época como una de las más felices de su vida, cuando tocaban noche tras noche en los mismos locales y muchas de sus canciones crecían y se perfeccionaban a partir de la improvisación y la interactuación con el público. Probablemente dichos años fueron los que sentaron las bases de lo que terminarían siendo los Doors y en el film pasan por éllos de puntillas, con la consiguiente pérdida que implica para el espectador.

Otras muchas imprecisiones afloran a lo largo del documental. Se habla del problema de Jim con la bebida, pero se presenta como algo que ocurrió en la grabación de The Soft parade cuando prácticamente desde los 23 ó 24 años el Rey Lagarto ya era un bebedor compulsivo que hacía uso y abuso de todo tipo de drogas. Muchas biografías de la banda hablan de juergas memorables y escándalos tremendos durante las grabaciones de The Doors y Strange Days, pero ninguna de éstas aparece. Se ofrece al público una imagen descafeinada de la banda al no mencionar los sucesos que hicieron que su líder tocara fondo.

Tampoco se entiende que se pase tan a la ligera por encima de Pamela Courson -novia de Jim-, quién fue no sólo una constante en la vida del cantante, sino también quién motivó y más influyó en las relaciones del mismo con el resto de integrantes del grupo: Las presiones para que Jim dejara los Doors para convertirse en poeta, las infidelidades de uno y otro, las posteriores rupturas y reconciliaciónes, las peleas salvajes por sus respectivas adicciones a las drogas, etc, son temas que apenas llega a conocer el espectador. Un ejemplo: en la película se dice que a principios de 1970 Pamela regentaba una tienda de ropa, sin explicar que la misma fue un regalo de Jim, que se abrió cuando los Doors empezaron a hacerse famosos unos cuanto años atrás y que todo el dinero para hacerla rentable salió del bolsillo de Morrison (y ni por esas).

¿Dónde están las historias de Jean de Breteuil, exnovio de Pamela y  camello de heroína de muchas de las estrellas de la época? ¿Dónde está la relación de Jim con Nico y Andy Warhol? ¿Dónde está el dúo con Van Morrison o la supuesta pelea con Jimi Hendrix? No todas aparecen en la película, y cuando lo hacen, están mal contadas (como la anécdota con Janis Joplin en la que se equivocan respecto quién tenía la cabeza entre las piernas de quién) y pasando muy por encima. Pamela Courson es una pieza demasiado importante como para dejarla de lado en un largometraje que quiera contar qué eran los Doors.

Para el final quiero destacar que también me ha dejado frío el relato acerca del fin de la banda y la muerte de Jim. Se tratan algunos de los escándalos en el escenario, pero se dejan fuera cientos de ellos. Es cierto que sí están los más importantes, pero reducir el último concierto a que “Jim se sentó y dejó de cantar”… pues vaya. Con la patada de Densmore o las astillas volando por los aires mientras Jim destrozaba el suelo del escenario con el soporte del micrófono ese fragmento hubiera cobrado mucha más importancia y hubiera transmitido mejor al público hasta qué punto la fama había apagado la llama que había llevado a los Doors a lo más alto.

Es esta falta de detalles, esa ausencia de momentos y situaciones concretas, las que han hecho de When you are strange una película del montón. No porque no aporte nada nuevo, sino sencillamente, porque ni siquiera aporta todo aquello que ya se sabía. Quizá hubiera sido mejor enfocar la historia desde otro punto de vista, o tal vez haber usado entrevistas a terceras personas. Pero no ha sido así. El documental no es malo -de hecho, comparado con la película de Oliver Stone es una maravilla-, pero no parece que detrás de él esté la pasión que un proyecto así necesita. Más bien, parece una manera de aprovechar el tirón que ha día de hoy la banda aún tiene, rellenándolo todo con algunas imágenes -pocas- inéditas.

La importancia de los Doors dentro de la historia del Rock´n Roll, lo mismo que la influencia de Jim Morrison, es incontestable. Y aunque siempre es difícil concentrar en una película toda la información que una historia así puede llegar a tener, es posible que una hora más de metraje hubiera dado como resultado un producto final a la altura de un grupo que, durante años, fue la banda más grande de EE.UU y una de las más grandes del mundo junto a los Beatles y los Rolling Stones.

Una pena. Por mi parte, me quedo con la increíble biografía de Stephen Davies: Jim Morrison: Vida, muerte y leyenda. Ahí sí está todo.

PD: Más de uno me ha comentado que la película habla de la historia de los Doors, no de Jim Morrison y de ahí que mis críticas no sean tales…admitámoslo: Jim Morrison ERA los Doors. Sin él la banda y su historia no tiene ningún sentido.

Hace unos días terminé de leer “Long hard road out of hell”, autobiografía de la famosa estrella del metal Marilyn Manson , en colaboración con el famoso escritor y periodista musical  Neil Strauss (autor a su vez de la biografías  de Mötley Crue y el best-seller sobre seducción “The Game”).

Empecemos por partes: Si todo lo que se dice en el libro es cierto, Brian Warner (nombre real de Manson) es la estrella de rock más desequilibrada, perversa, desgarrada y curtida dentro de un mundo en el que, quién más y quién menos, están lejos de lo que podríamos considerar normal. He leído biografías de Jimi Hendrix, de Kurt Cobain o de Jim Morrison. He leído artículos y reportajes sobre Ozzy Osbourne, los Rolling Stones, Motorhead , Metallica ySex Pistols. Ninguno se acerca al nivel de perturbación de este tío, su banda y sus fans. Absolutamente ninguno.

Desde su infancia en Canton (Ohio), pasando por la adolescencia en Fort Lauderdale (Florida. Donde también vivió y recientemente falleció el mítico actor Leslie Nielsen), hasta la grabación en New Orleans del disco que le lanzó a la fama (Antichrist Superstar), Manson abruma al lector con una sinceridad brutal y descarnada que muchos ni siquiera creerán como real: orgías de sexo demencial y consecuencias aún peores, ríos de droga y sobredosis, escándalos y estancias en la cárcel, sangre y automutilaciones en directo, reflexiones y conducta propias de un psicópata y detalles personales que, de nauseabundos, plantean la posibilidad de dejar el libro a la mitad por la incomodidad que pueden despertar en el lector.

Bien.

Pues pese a todo esto, se trata de un libro tremendamente interesante. Ignoro si la calidad de la narración es cosa del señor Warner o si es algo fruto de la supervisión y ayuda de Strauss –gran narrador, como compartirán conmigo todos aquellos que hayan leído alguna de sus obras- , pero no se puede negar que refleja perfectamente cómo es la vida, desde dentro, de un joven que pasó de ser el tipo raro que no encajaba en ninguna parte, hasta convertirse en una de las estrellas de rock más famosas y polémicas de la historia.

Por otra parte, lo que más sorprende de toda esta amalgama de escenas de drogadicción, sadismo y perturbación, es que encontramos una figura mucho más inteligente de lo que cabría esperar. Infinitamente más. Manson explica con detalle las bases de su pensamiento, el porqué de sus críticas a la iglesia católica y a la norma establecida, el cómo del surgimiento de su atracción por temas como el satanismo o el nihilismo y el qué hace a su obra y forma de vida algo diferente. Y es muy difícil, para cualquiera con un mínimo de empatía y apertura de miras, no reconocer la profunda coherencia de su pensamiento y un cierto grado de razón en sus afirmaciones. Lo cuál no es óbice para que en casi ningún momento su alocado y autodestructivo estilo de vida parezca aceptable o recomendable.

He querido incluir algunas citas:

  • “¿Por qué la gente desea ser hermosa? Para ser amados, aceptados y terminar con su miedo a ser excluidos. Después de años de no ser aceptado me di cuenta: ¿Por qué no crear tu propio standard y dejar que sean otros los aceptados o rechazados por ti? Nosotros hemos revertido toda la idea del fascismo de la belleza y la hemos reemplazado por nuestro propio standard. La destruimos para crear un nuevo camino”.
  • “El nombre Marilyn Manson describe todo lo que tengo que decir. Es una afirmación sobre la cultura estadounidense, el poder que le damos a iconos como Marilyn Monroe y Charles Manson. Es sobre la paradoja. Arquetipos diametralmente opuestos. La gente pocas veces me pregunta sobre mi interés en Marilyn Monroe, sin embargo siempre se interesan por la mitad oscura de Charles Manson. Combino la palabra Marilyn como el aspecto blanco y positivo, la luz, con la palabra Manson, que es lo negro. Luz y oscuridad, vida y muerte. Son simplemente dos partes inseparables. Sin la oscuridad no conoceríamos la luz y sin la maldad no conoceríamos la bondad. Lo bueno y lo malo van de la mano, no se los puede separar”.
  • “Siempre intento tener control sobre mi vida. Creo que mi mayor miedo es ser débil. Y temo también ser un cordero aceptado completamente en la sociedad. Pienso que cada hombre y mujer es una estrella. Es sólo una cuestión de darse cuenta y convertirse en ello. Es una cuestión del poder de la voluntad. No tengo lugar en mi corazón para los estúpidos ni los débiles. Hay demasiada gente en este mundo y ellos deben hacer sitio para quienes pueden contribuir con la sociedad”.

La carga del autor hacia el tipo de moral que reina actualmente en el mundo es algo que no podemos discutir. Vivimos en una sociedad tan rígida, tan excluyente y tan competitiva –especialmente en el caso de la sociedad norteamericana- , que divide y posiciona a los seres humanos en base a conceptos completamente alejados de lo que debería ser el enriquecimiento personal y el acceso a la felicidad. La belleza, el consumismo, el éxito profesional y, en general, todas las bases socioculturales que determinan que alguien sea un perdedor, un triunfador o simplemente alguien del montón, han quedado reducidas a ideas puramente económicas y materiales, desechando en muchos casos las razones que deberían ser –según mi personal punto de vista- verdaderamente importantes. Y el hecho de que este estrafalario personaje rechaze  o ponga en tela de jucio todas esas normas y todos esos estereotipos para crear sus propios valores me parece interesante y digno de reconocimiento.

Cambiamos de tema. La religión:

  • “Actualmente la gente está desengañada de Dios y esto sólo necesita ser fomentado. No estoy en contra de Dios. Estoy en contra de su mal uso y del victimismo de la gente a través de la culpa y la idea del pecado. Porque la cristiandad es responsable del consumismo. La idea de la fe ciega, en cierta forma, ha arruinado a América, porque por debajo está el fascismo que nadie quiere aceptar. Estamos siendo controlados por nuestra propia estupidez y debilidad. Cuando enciendes la TV te das cuenta de ello: si no compras tal champú, no vas a poder tener sexo, o si no tienes tal coche, tus amigos no te van a aceptar, y en tus espaldas todos se ríen de ti porque tienes acné. Simplemente te devora el alma. Te hace tan dependiente que tienes miedo de tomar tus propias decisiones”.
  • “Cuando todo el mundo quiere destruirte, todos los días son tu último día y cada actuación puede ser la última. El Anticristo no soy sólo yo. Es un estado mental colectivo del que Estados Unidos necesita que le despierten. Ese es el propósito de esta gira, quizás de mi vida: hacer que los estadounidenses se den cuenta que no tienen que creer en algo sólo porque se lo han estado inculcando toda la vida. No se puede oír a alguien que nunca tuvo sexo o tomó drogas, diciéndote que están mal. Sólo a través de la experiencia cada uno puede determinar su moralidad. Ser humano no es tener que estar buscando constantemente perdón por serlo, sino llevar, como individuo, una existencia libre de culpa. Es lo que siempre ha temido la iglesia, si olvidas la idea de Dios y crees en ti mismo, el mundo se acaba”.

  • “El satanismo no consiste en efectuar sacrificios ni en adorar al Diablo. El Diablo no existe. El satanismo es una cuestión de adoración a uno mismo, porque uno es responsable por su propio bien y mal. La guerra de la cristiandad contra el Diablo siempre ha sido una pelea contra los instintos más naturales del hombre y una negación del hombre como miembro del reino animal. La idea del Cielo es sólo la forma Cristiana de crear un infierno en la tierra”.

Aquí llegamos al punto por el que más odiado es este personaje. Para la gran mayoría de los religiosos de EE.UU este tío representa a un hereje, la viva encarnación del diablo. Peros los postulados que defiende, no en contra de la figura de Dios sino del Dios y los dogmas que imponen las grandes religiones, son sorprendentes. Por si fuera poco, algunas de sus reflexiones demuestran que no son ideas de un día para otro, sino que han surgido a través de los años, dándole vueltas a los temas y preocupándose de buscar referencias y alcanzar conclusiones cerradas. Algo que lamentablemente no todos pueden decir a día de hoy, cuando un buen número de personas en el primer mundo aspiran, simple y llanamente, a no preocuparse demasiado y hacerse las mínimas preguntas posibles.

Un último punto, su obra:

  • “Antichrist Superstar trata de ver la muerte y aprender de ella. Es sobre ser fuerte y estar vivo. Sé que hay mucha gente que está deseando acabar conmigo y culparme por suicidios de adolescentes, cuando eso es lo más lejano a mis intenciones que puedo pensar. Los músicos no matan a la gente. Una enseñanza pobre sí. Si alguien quiere culpar al arte, ¿por qué hacen que los chicos lean Romeo y Julieta en la escuela? Ahí hay una historia de chicos que se matan entre ellos por una razón muy importante: sus padres no los entendieron”.
  • “Lo que quiero es hacer que la gente piense por sí misma. El fascismo es precisamente lo que busco destruir, pero si la gente ve fascismo en nuestros espectáculos, es cosa suya, es un autodescubrimiento. Y para eso estamos, para hacer que la gente piense y se descubra. No estoy aquí para condenar o perdonar. Estoy aquí para ir contra la corriente. Transformé mi mundo, por lo tanto soy mi propia obra de ficción, sin fronteras para lo que puedo hacer, sin límites. Estoy diciendo que cualquiera puede hacer eso. Cualquiera”.
  • “Aquellos que vayan más allá del título del álbum y de los aspectos más escandalosos de lo que hago, van a entender lo que intento decir”.

Me parece bastante destacable la idea de arte que Manson atribuye a sus obras, ya sean musicales, pictóricas, escritas o en formato audiovisual. Para algunos, muchos, la música de esta banda es basura: gritos, gore y mensajes que atentan contra todo aquello que defiende la moral de cualquier persona de a pie. Pero por otra parte, cuando el autor lo explica, cuando desarrolla las situaciones y los procesos en los que esas obras fueron creadas, o cuando conocemos los pequeños detalles que desde fuera somos incapaces de captar, la cosa cambia. El orden de los discos, los objetivos creativos que se persiguen, las referencias  a su vida y personalidad en sus canciones o las portadas de sus álbumes, esconden mucha más información de la que uno –al menos yo- pudiera pensar en un primer momento. Y eso con una profundidad y una sutileza que no está al alcance de cualquiera, por muy creativo que éste sea.

Portada del álbum: Holy Wood. El disco muestra el dolor de Manson por la afirmación general de ser responsable de la matanza del instituto Columbine. Aparece crucificado y sin mandíbula, representando que se le acusó sin darle la oportunidad de hablar o defenderse.

Ha sido toda una sorpresa.  No sólo por las revelaciones, sino por la cantidad de emociones distintas que  despierta en el lector: De la ira a la compasión, de la repugnancia a la comprensión y de la envidia al odio. El público se pasea bruscamente entre un abanico de sentimientos muy amplio, sin perder el ritmo en ningún momento. Y si le añadimos una estructura cambiante y original, tenemos como resultado un libro que engancha de principio a fin.

Como pega, se echan en falta más detalles: fechas concretas, contexto en el que se desarrollan las historias, voz y opiniones de personas que participaron en su vida, etc. Supongo que para eso tendremos que esperar a que algún tercero que escriba una biografía más clásica.

Mientras tanto, éste parece un buen comienzo.

Chau.

Os dejo algunos clips (si os da error, pinchad directamente en el video para ir a Youtube):

 

 

 

Kurdt.

Publicado: 27 septiembre, 2010 en Artículos, Música, Post Libres
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Por alguna razón estos días he estado escuchando mucho de Nirvana y la historia de la muerte de Kurt Cobain ha vuelto a rondarme por la cabeza. Y es que la banda del difunto cantante se cuenta entre una de mis favoritas junto a The Doors, Metallica, Ramones y Millencolin.

Hace unos años leí Heavier than heaven, biografía escrita por Charles R. Cross acerca de la vida de la leyenda del grunge. Anteriormente había leído artículos acerca de su muerte, visto documentales en los que se especulaba con su asesinato y Dios sabe cuántas teorías sobre la misma. Lo cierto es que la cantidad de puntos de vista hacia difícil formarse una perspectiva de la personalidad del hombre y la verdad es que creo que la obra de Cross es la que mejor consigue responder a esa cuestión. Incluso más que los propios diarios de Kurt (los que escribimos, o hemos escrito, diarios sabemos que mcuhas veces lo que plasmamos en las páginas no es toda la verdad).

Con permiso de Jim Morrison, Kurt Cobain siempre me ha parecido uan de las figuras más fascinantes de la historia del rock n´roll. Su vida, muy alejada de las fiestas contínuas y el desenfreno que rodean a otros artistas del gremio, aparece como el paradigma de la tristeza y de la soledad. Y así se muestra en la obra. Una existencia vacía que inevitablemente tenía que  acabar tal y como terminó.

En los últimos años pocas bandas han tenido la influencia de Nirvana. Desde finales de los ochenta, redireccionaron la escena del punk rock, creando una estela -el grunge- que no tardaría en ser imitada por algunos de sus vecinos, algunos de ellos con nombres tan importantes como Soundgarden, Alice in chains o Pearl Jam. Consiguieron un éxito sin precedentes con el lanzamiento de su segundo álbum, Nevermind, dándole el espaldarazo definitivo al rock, colocándoles como la banda más famosa del mundo y dándole al pop la patada en el culo que llevaba merciéndose desde hacía décadas. La aportación de Nirvana supo definirla perfectamente su batería, Dave Grohl (fundador a su vez, entre otras bandas, de Foo Fighter, Probot y Them Crocked Vultures): “Tuvimos la suerte de estar en el momento justo en el lugar oportuno” .

La mayoría de artículos y textos sobre la vida y la muerte de Kurt Cobain hacen hincapié en que el principal motivo de su suicidio fue su incapacidad para aceptar la fama. No lo voy a discutir. Sin embargo, muchos de esos escrtios parecen olvidar que Kurt nunca fue una persona feliz, ni alegre. Ni siquiera tenía esperanza o ambición por alcanzar algo. El carácter depresivo y la melancolía iban asociados a su personalidad desde su infancia, y las referencias al suicidio se muestran en una gran cantidad de sus escritos y conversaciones. Todas las informaciones sugieren que desde el divorcio de sus padres, cuando contaba unos pocos años de edad, se convirtió en una joven tremendamente inseguro, miedoso de todo lo que le rodeaba y carente de cualquier interés vital por todo aquello que no fuera su música. La viva imagen de la acedia.

Las páginas finales de Heavier than heaven son algunas de las más tristes que he leído en un libro de este tipo, puesto que muestran a un hombre completamente destruido, con la heroína como único consuelo para escapar de la tristeza. Un hombre que, por otra parte, parecía tener todo lo necesario para ser, al menos, mínimamente feliz: una mujer que amaba, una hija pequeña, amigos, éxito y una carrera totalmente consolidada.

Las mismas conclusiones puden sacarse de sus diarios, publicados hace unos años. En ellos Kurt divaga entre distintos temas, que van desde su música a su faceta como padre, pasando por sus problemas con las drogas, el divorcio de sus progenitores o el terrorismo. Incluso la caligrafía de estas páginas muestran a un ser grotescamente infeliz.

No sé porque he vuelto a pensar en Kurt y en la historia de Nirvana, pero sigue tan fresca como siempre. Casi parece un guión escrito de antemano: la historia de un joven tímido y deprimido que asciende meteóricamente desde la escena underground hasta convertirse en el icono de una generación. Arrollado por una fama para la que no estaba preparado y superado por todas y cada una de las facetas de su vida. Si lo piensas bien se trata de un final casi anunciado. Uniéndo las circunstancias que le rodeaban con su personalidad a no parece raro lo que ocurrió.

Tenía que terminar con una escopeta en la boca.

Desde los tiempos de libro de arena he escrito post de literatura, de cine, de comics y de muchas otras tonterías que se me han ido pasando por la cabeza con el paso de los años, la mayoría sin ninguna importancia. Lamentablemente uno  de los temas que me he dejado fuera ha sido la música, algo imperdondable teniendo en cuenta que es algo que escucho desde que me levanto hasta que me acuesto…vamos a subsanar ese error.

Como primer grupo  al que rendir tributo he decidido optar por una de mis bandas por excelencia: Marea.

Para aquellos que no los conozcan -si hay alguno-, Marea es una banda navarra fundada por José Carlos “Kutxi” Romero en 1997 junto a César Ramallo, Alén Ayerdi, “Kolibrí” Díaz y Edu Beaumont, “el Piñas” . Desde 1999 han sacado cinco discos de estudio: La Patera (1999), Revolcón (2000), Besos de perro (2002), 28.000 puñaladas (2004) y, por último, Las aceras están llenas de piojos (2007). Además de varios discos recopilatorios (Secos los pies y Coces al aire) y un disco en directo (Las putas más viejas del mundo).

El sonido de Marea, así como sus letras, podría definirse como tosco, rudo… áspero. Lo cual, por otra parte, no debe confundirse con  falta de calidad. De hecho, es posiblemente una de las bandas con mejor trayectoria que hay en España y casi seguro, la que más rápido ha crecido desde sus comienzos en los últimos años dentro del rock español (pasaron de presentar 28.000 puñaladas en la sala Aqualung de Madrid, a llenar con más de 10.000 personas el Rocódromo con Las aceras están llenas de piojos).  Las razones son bien simples: de cada uno de sus discos 5 ó 6 canciones acaban convirtiéndose en auténticos himnos.

Buena parte de la culpa de esto la tiene Kutxi Romero. Las letras de este artista son, en mi opinión, las mejores que se pueden encontrar en el panorama del rock español. Con temas como el desamor, la dureza de la vida y la soledad siempre en primer plano, las canciones de Marea suenan roncas, cargadas de dureza, pero manteniendo en todo momento un tono muy poético. Por otra parte, esa tosquedad no está reñida con el uso de un vocabuliario espectacularmente amplio, haciendo uso de frases, palabras y términos típicos de las clases más bajas o de las gentes del campo, consiguiendo, en el rock, algo parecido a lo que consiguió Miguel delibes en la literatura. Un buen ejemplo es el tema de su último disco “Aceitunero”.

Por otra parte, cuenta con uno de los mejores guitarristas que nuestro país tiene en la actualidad (“Kolibrí” Díaz), lo que le da, además de la potencia de sus letras, el apoyo musical y el estilo particular que la banda mantiene desde sus inicios.

Marea ha puesto en marcha desde el principio colaboraciones con un gran número de bandas, tanto españolas como extranjeras, haciendo partícipes de sus discos a miembros de grupos como: Extremoduro, Koma, Reincidentes, Medina Azahara, etc. De hecho, el compadreo es una de las señas de identidad del grupo, lo que se demuestra en todos sus conciertos, en los que siempre invitan a algún miembro del grupo telonero a compartir un tema con ellos. En directo también destaca el clima de camaradería que mantienen todos los integrantes de la banda (siempre bajo la batuta de Kutxi) algo que personalmente hecho de menos en sus letras. Como anécdota, destacar que es uno de los pocos grupos que yo conozco que no ha cambiado su formación desde su inicio, lo que da una idea de la cohesión de sus miembros.

Ahí van algunas recomendaciones de sus mejores temas: “Que se joda el viento”, “La hora de las moscas”, “La luna me sabe a poco”, “En tu agujero”, “Pan duro”, “La rueca”, “El perro verde”, “Corazón de mimbre”, “Barniz”, “A caballo” y “Trasegando”.

Ya veréis. Merece la pena.