Archivos de la categoría ‘Reportajes’

TRAS LAS HUELLAS DE NIN

Publicado: 22 mayo, 2010 en Reportajes, Trabajos MPER


El 16 de Junio de 1937 era detenido en Barcelona Andreu Nin, líder del Partido Obrero de Unificación Marxista, POUM. Seis días después, desaparecía sin dejar rastro de su celda en la prisión de Alcalá de Henares, en Madrid, donde había sido recluido.

Más de setenta años después la gran pregunta sigue en el aire:

¿Dónde está Andreu Nin?

“El mismo día que se aprobó el nombre de Nin hubo jaleo (…) El concejal del PP decía que era un defensor de la dictadura soviética que no había nacido ni muerto en Barcelona. Los del PSOE decían que era simplemnte un defensor de la revolución…un lío, pero al final se aprobó y aquí estamos”.

La que habla es Mercè Pérez, directora de la nueva biblioteca Gòtic-Andreu Nin, inaugurada el pasado 2 de Mayo y situada en el mismo edificio que un día albergó la sede del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) en la Plaça del Teatre.

“Yo creo que el nombre le va bien a la biblioteca. No sólo por el edificio, sino por lo que él aportó a la literatura española y catalana”.

La historia es una simple anécdota, pero refleja perfectamente el clima de tensión y debate que suele ir asociado  al nombre de Andreu Nin, líder del POUM y protagonista de uno de los capítulos más oscuros del bando republicano en la Guerra Civil española.

Nin, fue uno de los líderes revolucionarios más importantes de la España del siglo XX y su historia es probablemente uno de los más desgarradores ejemplos de la crudeza de la guerra y la brutalidad del totalitarismo.

A lo largo de los años se ha sacado a la luz buena parte del misterio que ha ido aparejado a su muerte. El tiempo transcurrido ha permitido recabar una enorme cantidad de información que, poco a poco, ha aportado algo de claridad a los sucesos ocurridos en aquel lejano mes de junio de 1937.

Sin embargo aún quedan  preguntas por responder:

¿Qué ocurrió exactamente? ¿Cómo se llevo a cabo la operación? ¿Dónde murió Andreu Nin?

La forja.

El Vendrell es un municipio de Tarragona, situado aproximadamente a cuarenta kilómetros de la capital de la provincia. La localidad, con una población cercana a los 36 mil habitantes, es bastante conocida. La primera razón es que ostenta el rango de capital de la comarca del Baix Penedés; la segunda, su gran tradición castellera a través de la colla Nens del Vendrell; y finalmente,  por ser el lugar de nacimiento del famoso compositor catalán y violoncelista Pau Casals.

Sin embargo este último no es el único vecino ilustre del municipio. El 4 de Febrero de 1892 nacía el primogénito de Manuel Nin, un zapatero remendón de la localidad, y su esposa Antonìa Pérez. El humilde matrimonio le puso al chico el nombre de Andreu.

17 años más tarde, Andreu Nin i Pérez llegaba a la gran ciudad de Barcelona, donde esperaba completar sus estudios de magisterio. Sin embargo, el azar terminaría encaminando sus pasos por otros derroteros, hasta convertirle, años después, en una de las figuras más importantes del movimiento obrero catalán.

Quizá por su origen humilde o por su propio carácter idealista, la convulsa actividad de la ciudad ejerció un atractivo inmediato en el joven Nin, que no tardó en dirigir sus pasos hacia la política. Al principio, desde una posición más moderada, como miembro de la Unión Federal Nacionalista Republicana (UFNR) y su diario, Poble Catala, donde ya dejaría muestras de su postura, cercana a la izquierda nacionalista:

“Nosotros somos nacionalistas porque la ‘nación’ es para nosotros la unidad orgánica ‘autonomista’ de la federación.  Una nación no está determinada por los caracteres etnográficos, por la situación geográfica o por los antecedentes históricos, sino que está determinada por la voluntad de quienes la componen, el sentimiento de la propia personalidad, tan arraigado, como decimos, al alma de Cataluña.”

Precisamente en la prensa política encontró Nin su sitio, colaborando en los años sucesivos con diferentes medios relacionados, a su vez, con los diferentes grupos políticos a los que se acercó: Poble catalá, la Barricada, Justicia Social, etc.

El pensamiento de Nin poco a poco giró hacia posiciones más radicales. Pasó por la  Agrupación Socialista de Barcelona, hasta hacerse miembro en 1918 del sindicato de profesiones liberales, estaba adherido a la CNT, y del que terminó siendo secretario del comité nacional. Fue este un momento importante en la vida de Nin, ya que en aquellos días el anarcosindicalismo era el movimiento obrero más potente y él pudo tomar contacto con dirigentes de la talla de Salvador Seguí, Ángel Pestaña o su futuro colega en el POUM, Joaquín Maurín.

Las actividades revolucionarias de Nin acabaron pasándole factura, siendo arrestado en varias ocasiones e incluso llegando a conocer la cárcel durante breves períodos de tiempo a lo largo de su vida. En 1921 su situación se amenazada, ya que el 8 de Marzo de ese año era asesinado el político liberal–conservador Eduardo Dato y Nin fue relacionado con el magnicidio por las autoridades españolas.

Aunque no estaba relacionado con el caso, decidió aprovechar la invitación de la CNT para asistir al I Congreso de la Internacional Sindical Roja y viajó a Moscú, donde conocería de primera mano el proceso revolucionario soviético, por el que manifestaba cierta simpatía.

El paraíso del proletariado.

Con el triunfo de la revolución rusa, la CNT y la UGT se adhirieron a la III Internacional que dicha revolución propugnaba. Nin tuvo un papel destacado en la defensa de dicha decisión:

“Yo soy un fanático de la acción, de la revolución; creo en los actos más que en las ideologías lejanas y en las cuestiones abstractas. (…) Soy un admirador de la revolución rusa porque ella es una realidad. (…) Soy partidario de la Tercera Internacional porque ella es una realidad, porque por encima de las ideologías representa un principio de acción, un principio de coexistencia de todas las fuerzas netamente revolucionarias que aspiran a implantar el comunismo de una manera inmediata”

En el año 1921 llegó a Moscú como agregado en la delegación de la CNT y no tardó en abrazar los principios del marxismo, al constatar la necesidad de un partido político que pusiera en marcha y dirigiera la revolución. Su contagio  fue casi lógico en aquellos días, en que la ciudad bullía de ardor revolucionario tras la victoria en la guerra civil. Andreu observó las nuevas medidas sociales y laborales, conversó con algunos de los líderes más destacados del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y se empapó de los cambios culturales que la revolución había traído al pueblo ruso. La URSS, acabaría por marcar finalmente su futuro.

Cuando la CNT rompió con la III Internacional en 1922, él fijó su residencia en Moscú y en pocos años se hizo un nombre allí. Era miembro del Partido Comunista, delegado del soviet de Moscú y secretario general adjunto de la de la Internacional Sindical Roja (Profintern),la  federación sindical internacional cuyos propósito era coordinar y organizar la labor sindical del movimiento comunista. En palabras de su amigo y compañero en el POUM, Wilebaldo Solano:

“Todos los que le conocieron en aquellos tiempos comprobaron que Nin se había adaptado perfectamente a la vida de Rusia. Casado con una joven militante rusa, Olga Tareeva, Nin había tenido dos hijas, Ira y Nora, hablaba y escribía la lengua del país, admiraba los grandes clásicos y los estudiaba a fondo, en sus períodos de descanso, con la intención de traducirlos al catalán y al castellano. Pero por encima de todo, estaba literalmente enamorado del pueblo ruso, y elogiaba sin cesar su espontaneidad, su humanidad, su sencillez y su entusiasmo revolucionario.”

Andreu Nin y Wilebaldo Solano.

Sin embargo las cosas no tardarían en cambiar.

En 1924 moría Lenin, dejando un inmenso hueco en la jefatura del estado soviético. Poco después comenzaron las luchas entre las dos alas mayoritarias del PCUS. Por un lado la vertiente más izquierdista, encabezada por Trotski, cuyos seguidores –entre los que se encontraba Nin- eran partidarios de  continuar la revolución a nivel internacional. Por el otro, el ala más conservadora, que formaban Stalin, Kamenev y Zinoviev, partidaria de asentar la dictadura del proletariado en su país antes de exportarla a nivel internacional. La victoria quedo finalmente del lado de Stalin.

Nadie podía presagiar la era de terror que se avecinaba.

Las tesis de la democracia obrera de Lenin dieron paso a una auténtica dictadura en manos de Stalin que se hizo con el control absoluto del país, acabando con todos aquellos que mantuvieron una postura contraria. Trotski fue expulsado del partido por contrarrevolucionario, exiliado en Kazajstán y finalmente expulsado de la URSS. No fue suficiente. Murió asesinado en México en 1940 por orden de su antiguo camarada. Similar o peor suerte sufrieron millones de personas hasta la muerte de Stalin en 1953.

León Trotski.

Nin comprendió rápidamente la situación que se estaba gestando en la Unión Soviética y decidió salir del país antes de que fuera demasiado tarde. Tuvo más libertad que otras figuras políticas, quizá por el hecho de ser extranjero. Sin embargo fue apartado de las actividades oficiales, por lo que se dedicó en sus últimos años a poner en marcha las traducciones de las ediciones literarias del Komintern. Tarea a la que se dedicaría con  verdadero ahínco, tal y como él mismo explicó a su amigo Joaquín Maurín, en 1928:

“Trabajo como un condenado. Además del trabajo para vosotros, estoy traduciendo al catalán obras literarias. Dentro de unas semanas tendré terminada mi traducción de ‘Crimen y Castigo’ de Dostoievski. Puig i Ferreter, que ha recibido ya la mayor parte de la traducción, está entusiasmado con ella. Estoy además escribiendo para la editorial de Andrade, Vayo y Ariquistain, etc., sin contar con que leo y estudio  mucho. Nada, no menos de 12 horas diarias de trabajo.”

Tras nueve años en la URSS, Nin consiguió salir del país en 1930. Poco después su familia le siguió los pasos. Andreu Nin regresaba a España con el objetivo de liderar la revolución obrera en su propio país.

El POUM.

Tras su regreso, Nin tardó poco tiempo en volver a entrar en política. El clima de tensión del gobierno de Alfonso XIII aumentó su fe en el movimiento obrero y poco después, en 1935, su grupo, Alianza Obrera, y el Bloque Obrero Campesino (BOC) de Joaquín Maurín se unieron con la intención de formar un partido fundamentalmente revolucionario: El partido Obrero de Unificación Marxista.

Con el estallido de la Guerra Civil el 18 de Julio de 1936, Nin tomó el relevo de Maurín al frente del partido, asumiendo el cargo de secretario ejecutivo, ya que éste cayó preso del bando nacional en Zaragoza.

Desde las elecciones generales de Febrero de 1936 el POUM estaba presente en el gobierno de la Generalitat como adscrito al Frente Popular, que agrupaba a la mayoría de partidos de izquierda y a buena parte de los nacionalistas.  Si bien el POUM dejó bien claro que su apoyo era transitorio y que ellos apostaban por continuar la revolución. El 6 de Septiembre, con motivo de la llegada al gobierno del socialista Largo Caballero, el “Lenin español”, Nin dijo:

“El gobierno actual representa, indudablemente, un paso adelante respecto al anterior; pero es un gobierno del Frente Popular, es un gobierno que responde a la situación anterior al 19 de Julio, es decir, cuando no se había producido la insurrección obrera y, en este sentido , si bien con relación al gobierno anterior significa un paso adelante, en relación a la situación presente representa un paso atrás. La consigna de la clase trabajadora en los días que vienen es: ¡Fuera del gobierno ministros burgueses y viva el gobierno de la clase trabajadora!”

Nin desempeñó durante ese periodo el cargo de consejero de justicia, en el que realizó una importante gestión. Puso frenó a todos las ejecuciones para proceder a su revisión y creó mediante decreto los tribunales populares para reprimir el fascismo.

Mientras tanto, las noticias de las purgas iban llegando desde la URSS. El POUM, con Nin a la cabeza, no dejó de criticar las monstruosas tácticas represivas de Stalin, quien había acabado con buena parte de la élite del PCUS -incluyendo a todos aquellos que le ayudaron a auparse al poder-, así como con  la vida de miles de ciudadanos. Ante la embestida estalinista, Nin pidió en Diciembre al gobierno de la Generalitat que se concediera asilo político a Trotski, lo que fue visto como una provocación por los comunistas del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC).

Gracias al apoyo que la URSS había dado a la república, los comunistas en España habían experimentado un avance considerable. Esto no gustó al resto de formaciones revolucionarias, que veían como los comunistas, de la mano de Stalin, se posicionaban para convertirse en el único referente del movimiento obrero del país. Uno de los primeros afectados por esta situación fue el POUM, cuando las continuas presiones del PSUC precipitaron la salida del gobierno de la Genealitat de Andreu Nin.

Día tras día las tensiones entre las diferentes fuerzas políticas –CNT, FAI, UGT, POUM, PSUC, ERC, etc.- no dejaban de aumentar. Los movimientos como el POUM o los anarquistas creían que con la guerra había llegado también el momento de implantar la revolución obrera, tomando el poder de las instituciones y posicionándose para que la dictadura del proletariado fuera un hecho. Por su, parte los partidos menos radicales y los comunistas preferían limitar las acciones a ganar la guerra, frenando el ímpetu de los revolucionarios. Aun así, pocos imaginaban el caos que se avecinaba.

Los hechos de Mayo.

A las 15:45 del 3 de Mayo de 1937 un grupo de camiones de la guardia de asalto recorrió a toda velocidad el Passeig de Gràcia de Barcelona, en dirección a la Plaza Catalunya. Los 200 efectivos del convoy, a las órdenes del comunista Eusebio Rodríguez Salas, se dirigieron a la entrada principal del edificio de la Telefónica, al otro lado de la plaza,  en poder de los anarquistas de la CNT-FAI desde el comienzo de la guerra en Julio de 1936.

La fuerza pública irrumpió en el edificio empuñando sus armas y al grito de “¡Arriba las manos!”, consiguiendo reducir a los pocos cenetistas que estaban en la entreplanta, la mayoría de ellos, almorzando.

La suerte fue distinta en los pisos superiores. Los anarquistas tomaron rápidamente posiciones y consiguieron repeler el asalto, obligando a los guardias  a replegarse.

Las noticias del ataque corrieron como la pólvora entre las diferentes organizaciones y partidos políticos,  y el POUM, no tardó en posicionarse a favor de la CNT-FAI. Del otro lado quedaron las fuerzas de la Generalitat, el PSUC y Esquerra Republicana. El golpe había fallado estrepitosamente y las consecuencias fueron bien visibles de la noche a la mañana.

A las pocas horas las barricadas empezaron a levantarse por el centro de la ciudad. Los grupos de milicianos solicitaban documentación a los transeúntes, los intercambios de disparos eran más que frecuentes y los muertos se contaban por decenas en cada bando. Grupos de anarquistas trataron de tomar el control de la Generalitat, donde ante la difícil situación se creó un nuevo gobierno provisional. Mientras, el gobierno central clamaba por controlar las calles y los líderes de las diferentes facciones intentaban que se volviera a la normalidad.

Los días 4 y 5 fueron los más duros, con enfrentamientos a lo largo de Ciutat Vella y en el Eixample, especialmente en las cercanías del Passeig de Gràcia. El alto el fuego no llegó hasta el día 7, cuando tropas enviadas por el gobierno central cercaron los puntos clave de la ciudad y obligaron a las diferentes partes a alcanzar un acuerdo.

El famoso escritor George Orwell había llegado a España en Diciembre de 1936, como muchos otros, con la idea de combatir el fascismo. A su llegada, el clima revolucionario que se respiraba en Barcelona hizo que terminara afiliándose en las milicias del POUM y con ellos luchó en el frente de Aragón, hasta que fue herido y enviado a retaguardia. Sin embargo, a su vuelta a la ciudad,  pocos días antes de los enfrentamientos de Mayo, el ambiente había cambiado radicalmente. Tal y como explicaba en su novela, Homenaje a Cataluña:

“La atmósfera revolucionaria había desaparecido (…) El cambio en el aspecto de las gentes era increíble. El uniforme de la milicia y los monos azules habían desaparecido casi por completo; la mayoría parecía usar esos elegantes trajes veraniegos en los que se especializan los sastres españoles. En todas partes se veían hombres prósperos y obesos, mujeres bien ataviadas y coches de lujo (…) Los oficiales del nuevo Ejército Popular, un tipo que casi no existía cuando dejé Barcelona, ahora abundaban en cantidades sorprendentes.”

La ciudad de Barcelona se convirtió en esos días en una zona de guerra dentro de la propia Guerra Civil, con escenas más propias del frente que de la retaguardia, tal y como explica en otro pasaje de su obra, el escritor inglés:

“Recuerdo a un hombre, que agitando un pañuelo blanco en cada mano, atravesó corriendo la Plaza de Cataluña, totalmente vacía. Y también el grupo de personas, todas vestidas de negro, que durante una hora trataron una y otra vez de cruzar la misma plaza, sin poder lograrlo. Cada vez que emergían de la calle central, las ametralladoras del PSUC apostadas en el hotel Colón abrían fuego y las obligaban a retroceder, aunque era evidente que iban desarmadas.”

Barricadas en Mayo de 1937. En la imagen, el Paral-lel

La Plaça del Teatre, en las Ramblas.

Los hechos precipitaron la pérdida por parte de la Generalitat, de las competencias de Defensa y Seguridad Interior y acabaron con la presidencia de Largo Caballero al frente del gobierno de la república. Éste, representante del ala más radical del PSOE, había actuado hasta entonces como garante de las organizaciones obreras, pero tras su caída en desgracia la CNT-FAI perdió a su principal valedor. Días después tomaba la presidencia el también socialista Juan Negrín, pero ya sería tarde para los anarquistas, que desaparecerían del gobierno.

Sin embargo el golpe más duro sería para el POUM, que no contaba con el apoyo masivo que sí tenían la CNT y la FAI. Los Fets de Maig de 1937 fueron la gota que colmó el vaso de la paciencia comunista.  El PSUC, el PCE y los soviéticos, culparon al POUM de ser el partido instigador de lo ocurrido y se puso en marcha una campaña de desprestigio en los medios comunistas (Ahora, Treball, Mundo Obrero, etc.) en los que se acusaba al partido de Nin de contrarrevolucionario y agente encubierto del fascismo. Con ello, los comunistas  realizaron una inmejorable jugada, consiguiendo quitar de en medio a sus enemigos políticos y reforzar su posición, aún en minoría, en el gobierno de España.

Cartel comunista de la época

Sin embargo, los dirigentes del POUM negaban aquellas acusaciones alegando que el levantamiento había sido llevado a cabo por los trabajadores de manera independiente. Ahora bien, aunque el POUM no había puesto en marcha los sucesos ni los deseaba, no iba a desentenderse de ellos. El día 7 La Batalla, órgano de expresión del POUM, publicaba una nota en la que demandaba a los obreros el cese de las hostilidades, si bien advertía que había que mantenerse vigilantes:

¡Camaradas!

Con la lucha de estos días, el proletariado de Barcelona ha evidenciado su voluntad inquebrantable de no tolerar la menor provocación contrarrevolucionaria. Desbaratado el intento por la magnífica reacción de la clase obrera, se impone la retirada. Pero ésta sólo puede efectuarse mediante las siguientes condiciones:

RETIRADA DE LA FUERZA PÚBLICA DE LA CALLE.

LA CLASE TRABAJADORA DEBE CONSERVAR LAS ARMAS.

El cumplimiento de estas condiciones, perfectamente aceptables, puede poner término a la lucha, evitar un derramamiento de sangre y dar a los camarada que combaten en el frente la confianza y la moral que tan necesarias les son en la lucha contra nuestro mortal enemigo: el fascismo

EL COMITÉ EJECUTIVO.”

La disolución del POUM.

A partir de entonces los acontecimientos se precipitaron sin freno. El dirigente de la CNT, Ramón Liarte, recordaba:

“Le dijimos [A Nin]: Estás jugando con fuego. Estamos en condiciones de demostrarte, por informes que tenemos, que van por ti ¡Y no haces caso! Un día de estos te van a detener y te van a destruir para siempre. Consideramos que debes protegerte.”

Nin, que tenía gran confianza en sí mismo, le replicó, riendo:

“Ya veremos, ya veremos…”.

Sin embargo todo lo que avisaba Liarte era verdad. El 15 de Junio de 1937 el gobierno de la Generalitat decretaba la disolución del POUM y de sus órganos de expresión. Al día siguiente, 16 de junio, era arrestado Andreu Nin así como  otros dirigentes del partido: Julián Gorkin, Manuel Maurín, etc. Todos ellos fueron llevados a la jefatura de policía de Barcelona en la Vía Layetana, desde donde se les trasladó a Madrid vía Valencia. A Nin se le mantuvo aislado en todo momento.

Nin (2º por la izquierda), Solano (3º, detrás) y Julián Gorkín (6º) junto a otros miembros del POUM en 1936

Tanto Nin como sus compañeros fueron recluidos, por separado, en la checa de la Ronda de Atocha, en Madrid. Pero a él, se le dio un tratamiento especial. Fue enviado a una prisión en Alcalá de Henares, con el fin de “velar” por su seguridad. En el transcurso de ese viaje no se le fichó en ninguna de las distintas paradas, lo que dificultó más tarde localizar su paradero. No iba hacer falta. Nunca más volverían a tenerse noticias de Andreu Nin.

Jefatura de policía de Barcelona (a la izquierda, con bandera), en la Vía Layetana

La antigua checa del a Ronda de Atocha, en Madrid.

La disolución del POUM y el arresto de sus dirigentes cayeron como una bomba en la política española e internacional. Desde la conspiración al arresto todo había sido gestionado a través de hombres de Stalin en el país, con la participación y colaboración de los dirigentes de los partidos comunistas de España y altos cargos de la seguridad afines a éstos. Cuanto más tarde supiera el gobierno lo que estaba ocurriendo, mejor.

La conspiración y la reacción del gobierno.

Los artífices de la operación contra el POUM tienen a día de hoy nombres y apellidos:

A la cabeza estaban el  general Alexander Orlov –alias schwed-, responsable de la policía secreta soviética (NKVD) en España, y su subordinado Ernö Gerö –alias Pedro o Pierre-, responsable del mismo en Catalunya. Tras ellos un largo etcétera de ministros comunistas (José Hernández, Vicente Uribe), comisarios políticos (Vidali, Togliatti, Codovila), supervisores soviéticos (Iosif Grigulevitx, alias José Escoy o Juzik) y responsables de seguridad de España (Antonio Ortega, director general de seguridad, y Ricardo Burillo, jefe del servicio de seguridad en Barcelona).

Muchos de ellos participaron, no sólo en el arresto de Nin y de sus compañeros, sino que pusieron en marcha la campaña contra el POUM que estaba a punto de desatarse.

Días después del arresto, los diarios comunistas del país anunciaban una vasta conspiración contra el estado de la república de la mano del POUM. Advertían que información encontrada vinculaba a Nin y a su partido con el bando de Franco. Entre dichos documentos, un plano de Madrid en cuyo reverso, escrito con tinta simpática, había un mensaje de un agente de Franco a un tal N (Nin). La noticia finalizaba con la afirmación de que, ante la evidencia de las pruebas, se había procedido a la disolución del POUM y al arresto de trescientos de sus afiliados.

La noticia, hábilmente orquestada por Orlov, se transmitió rápidamente, contagiando a otros diarios e incluso a la prensa extranjera. Pero lo cierto es que tanto el texto, como los documentos encontrados habían sido redactados en el cuartel general de la NKVD en la embajada Soviética de nuestro país.

Al conocer las noticias, el presidente del gobierno Juan Negrín no salía de su asombro. Los soviéticos habían ordenado el arresto y posterior traslado de un ex miembro del gobierno de la Generalitat sin dar cuenta a las autoridades republicanas ni poner en marcha ninguno de los mandamientos judiciales necesarios. Exactamente como lo hubieran hecho en la propia Unión Soviética.

En el consejo de ministros de aquel día la situación fue muy tensa. El ministro de gobernación (interior), Julián Zugazagoitia, fue el primero en tomar la palabra, indignado por la actuación de los soviéticos y dejando claro que el agradecimiento a la URSS por su apoyo en la Guerra Civil no debía obligar a España a despojarse de su dignidad permitiendo cualquier actuación. La respuesta de los ministros comunistas Hernández y Uribe no tardó. Ambos ensalzaron la “desinteresada” y “solidaria” ayuda de Stalin y recordaron a los presentes que gracias a la URSS la II República contaba con armas para hacer frente al fascismo.

Poco a poco la tensión del debate fue en aumento, por lo que Negrín propuso al consejo aplazar el tema hasta que se reunieran más datos en torno al POUM.

El escándalo era ya inevitable.

A la mañana siguiente Barcelona amanecía con pintadas en sus calles. En tinta negra podía leerse:

Gobierno Negrín ¿Dónde está Nin?”

Los comunistas se encargaron de dar la réplica. Debajo, en tinta roja, escribieron:

“En Salamanca o en Berlín” (en alusión a Franco y Hitler).

Secuestro y  muerte. Las últimas horas de Nin.

Andreu Nin llegó a Madrid el día 17 de Junio de 1937. Se le llevó en primer lugar a la checa de la Ronda de Atocha, donde también se había trasladado al resto de sus compañeros. Sin embargo, el lugar, uno de los centros con peor fama del país, parecía, según las autoridades, un lugar poco seguro para un preso como Nin, por lo que se decidió trasladarle a la vecina localidad de Alcalá de Henares.

Allí Nin fue recluido en un antiguo hotel que había estado bajo el control de la brigada de Tanques. En esta cárcel fue donde Nin realizó sus cuatro declaraciones, negando todas y cada una de las calumnias vertidas por los comunistas.

A finales  del mes,  Antonio Ortega, director general de seguridad y uno de los hombres que ordenó el arresto de Nin, entregaba al ministro de Gobernación Zugazagoitia el siguiente documento fechado el día 23:

“Lamento tener que comunicarle que a las 21:30 horas del día de ayer y encontrándose de servicio los funcionarios de esta brigada, Juan Bautista Carmona y Santiago González Fernández, encargados de la vigilancia del detenido Andrés Nin Pérez, quién, según sus órdenes, se trasladó al hotel de Alcalá de Henares, fueron sorprendidos por un grupo de agentes armados(…) Todos ellos irrumpieron en el hotel y amenazaron con sus armas a ambos agentes, procediendo a continuación a maniatarlos con una cuerda. Inmediatamente se dirigieron a la habitación donde se encontraba el detenido y procedieron a su secuestro, llevándoselo en un coche que previamente habían introducido en el patio interior del Hotel(…) Constatar que, en el forcejeo de nuestros agentes con la fuerza armada, cayó al suelo y ha sido recogida una cartera que remito a V.I con la documentación en alemán y escritas en el mismo idioma unas insignias fascistas y billetes en curso legal, así como fotografías que, por la indumentaria, reflejaban uniformes extranjeros(…)”

Una vez leído el documento, Ortega, aclaró que el comando era, en realidad, un grupo de la Gestapo infiltrado en las brigadas internacionales con el objetivo, ya cumplido, de liberar a su compañero Andreu Nin.

Nadie creyó la historia.  Manuel Azaña (presidente de la República) exclamó al conocer los hechos: “¿Pero esto no es demasiado novelesco?”

La realidad era mucho menos  fantástica, pero sí igual de retorcida. El comando encargado del secuestro de Nin no era de la Gestapo, sino que había sido organizado por los hombres de Stalin en España, principalmente el general Alexander Orlov y sus subalternos Ernö Gerö y José Escoy.

Nin fue recluido en un chalet en la misma localidad de Alcalá, utilizado de manera intermitente por el jefe de la aviación republicana, Ignacio Hidalgo de Cisneros y por su mujer, Constancia de la Mora Maura, era la censora de periodistas extranjeros. Ambos comunistas. Allí Nin estuvo a merced de sus captores.

Desde su detención Andreu Nin jamás cambió su discurso. En los interrogatorios que se sucedieron, el líder obrero no reconoció su pertenencia a los servicios secretos del bando nacional, así como la calificación de trotskista, puesto que su relación con el líder soviético se había roto años atrás.

Pero la paciencia de Orlov se acabó. En el piso de Alcalá, Nin fue torturado mediante las más brutales técnicas del NKVD, como relata en su obra Yo fui ministro de Stalin, el ex ministro comunista Jesús Hernández:

“Orlov y su banda secuestraron a Nin con el fin de arrancarle una ‘confesión’ reconociendo que llevaba el oficio de espía al servicio de Franco. Sus verdugos, peritos en el arte de ‘ablandar’ a los presos políticos y de arrancarles declaraciones ‘espontáneas’, creyeron encontrar en la naturaleza enfermiza de Nin un auxiliar en su infame menester (…).

El suplicio de Nin empezó por el procedimiento ‘seco’. Un interrogatorio implacable durante diez, veinte, treinta horas, durante las cuales se revelaban los verdugos, haciendo siempre las mismas preguntas (…).

Pero Andrés Nin resistía de una manera increíble. No capitulaba. Sus verdugos se impacientaban. Decidieron abandonar el método ‘seco’ y adoptar la prueba de la ‘firmeza’: la piel arrancada, los miembros destrozados, el sufrimiento físico llevado al límite de la resistencia humana. Nin soportó la tortura y el dolor, los tormentos más refinados. Al cabo de unos días su rostro no era sino una masa informe. Orlov, frenético, enloquecido por el miedo al escándalo, que podría significar su propia liquidación, babeaba de rabia ante aquel hombre enfermizo que agonizaba sin ‘confesar’, sin comprometerse ni querer comprometer a sus compañeros de partido, que con una sola palabra suya hubieran sido llevados al paredón de ejecución”

Mediante estas técnicas se torturó a Nin con el fin de que reconociera sus acusaciones, lo que hubiera supuesto el fin absoluto del POUM y sus integrantes, al dejar a los comunistas la llave para poner en marcha la purga contra ellos.

Las pruebas.

La emisión del documental  Operación Nikolai, el 5 de Noviembre de 1992, fue un bombazo. Pese a emitirse sólo en Cataluña, la fuerza de sus informaciones alcanzaron una dimensión internacional. El reportaje aportó nuevos datos que explicaban con precisión la operación que Alexander Orlov puso en marcha, cuyo objetivo consistía en el arresto, secuestro y posterior asesinato de Andreu Nin.

Hasta ese año, muchos expertos habían estudiado el caso de Nin, pero pese a albergar pocas dudas de lo que había sucedido, no habían podido demostrar los hechos. Operación Nikolai tuvo una gran ventaja sobre todos ellos: en 1991 caía la URSS y poco después se abrían los archivos secretos de la KGB y la Internacional Comunista. Allí aparecieron muchas claves del caso Nin.

El documental, dirigido por Dolors Genovès, sacó a luz archivos y documentos que ponían de manifiesto y probaban que agentes soviéticos, con la colaboración del PCE y el PSUC habían orquestado la conspiración contra el POUM, inventando pruebas y aprovechado la dependencia del gobierno Negrín respecto a la URSS para poder actuar al margen de la ley. Pero la investigación reportó más sorpresas: el expediente personal de Orlov.

En él, el espía soviético confirmaba punto por punto los diferentes pasos de la Operación Nikolai: el secuestro de Nin, la invención de la teoría que relacionaba dicho secuestro con la Gestapo y el traslado a la checa de Alcalá del prisionero.

Sin embargo, aún quedó sitio para el misterio. Entre los documentos aparecía una nota escrita a mano en la que podía leerse:

“N. En la carretera de Alcalá de Henares a Perales de Tajuña. A mitad de camino, a 100 metros, en el campo. [presentes] Bom, Schwed, Juzik, dos españoles, y  el chófer de Pierre, Victor”

Interpretando el texto se llega a la conclusión de que N (Nin), fue enterrado en el punto de la carretera que se describe en el documento. Salvo Bom (un agente soviético no identificado) y los dos españoles (miembros de la brigada especial) a todos se les puso rostro: Schwed era el nombre en clave de Orlov; Juzik, el de José Escoy, y Pierre / Pedro el de Ernö Gerö. Por último, Victor, era el chófer de éste último.

El mensaje parecía claro y las piezas empezaban a encajar. Orlov y sus hombres habían secuestrado y asesinado a Nin y, tras esto, habían enterrado su cuerpo en el campo, en algún punto a las afueras de Alcalá de Henares.

Ahora bien ¿Es posible que las cosas ocurrieran de otro modo? ¿Se refería la nota a otro tipo de información?

La teoría aquí descrita es considerada por los expertos como mayoritaria, ya que goza del mayor consenso y grado de veracidad entre los investigadores de la muerte del líder del POUM, como afirma el historiador de la Fundación Andreu Nin, Andrew Durgan:

“No hay ninguna otra teoría aceptable. La investigación de TV3 confirmó la tesis de Alcalá, mientras que las otras no tienen ninguna prueba como tal. En mi opinión todo apunta claramente a la teoría mayoritaria.”

Sin embargo ésta no ha sido, ni mucho menos, la única. Tras la emisión de Operación Nikolai el entonces presidente de la comunidad de Madrid, Joaquín Leguina, puso en marcha una iniciativa con el fin de encontrar los restos de Nin. Sin embargo ningún medio de la época sacó a la luz las pesquisas que esa investigación reportó. Tuvieron que pasar 16 años, hasta 2008, cuando Leguina y el entonces director general de Transportes, Lorenzo Hernández, firmaron un artículo en la revista Claves de la razón práctica con los hechos ocurridos en 1993:

“Durante todo un año se barajaron infinidad de documentos y mapas, se acudió a fuentes de información alternativa, se volvió a Moscú y sobre los pasos de Orlov, pero no se movió ni una sola palada de tierra (…) la orografía del terreno y el entramado de carreteras de la zona hacían imposible ese lugar descrito ‘a cien metros de la carretera’ y a medio camino de Alcalá a Perales”

Tal y como Leguina explicaba, en ese momento apareció en escena el periodista Juan Cobo Orts, quien aseguraba que Andreu Nin había sido asesinado en un forcejeo con sus captores y enterrado en el kilometro 202 de la carretera que una Madrid con Albacete. Según esta teoría, la idea de los captores, tras el secuestro, era llevar a Nin a un barco en Alicante y desde ahí, enviarle a Rusia, donde sería juzgado.

El problema de esta teoría fue la falta de pruebas concluyentes y el hecho de que Cobo se negara, en el 93, a darle publicidad mientras su madre viviera. Esto hizo que no se pusiera en marcha ninguna investigación.

En 2008, Leguina y Hernández, en su artículo, confesaban que la fuente de Cobo no era otra que su propio padre, quién decía haber sido testigo del asesinato. También instaban a Cobo a que dijera por fin toda la verdad.

Cobo publicó poco después un artículo titulado “Danzas macabras en torno a Andreu Nin” en el que tachaba de mentirosos a Leguina y a Hernández y defendía su historia, en la que la nota del expediente de Orlov se consideraba falsa y no tenía más objetivo que alejar a los investigadores del caso del verdadero lugar donde yacía Nin.

“La nota del archivo de la KGB, aparecida en TV3 y escrita en una cárcel de Moscú por Víctor, el chofer de uno de los jefes de la NKVD en España, era falsa. Pretendía ocultar para siempre el lugar verdadero del asesinato de Nin, que levantó un gran revuelo, siendo incluso uno de los detonantes de la caída del Gobierno Largo Caballero. Me preguntó [el historiador Germán Sánchez] si tenía algún inconveniente en comunicar mis argumentos directamente a Leguina. Le respondí que ninguno. La única condición que puse, dada la extrema delicadeza del asunto y no queriendo descubrir mi fuente, era que mi nombre no figurara en esa historia de ninguna manera. En ningún momento ni pensé en plantear nada respecto a dinero, pues me bastaba con la satisfacción moral de que gracias a mis datos se contribuiría a aclarar un importante enigma y que esto además conllevaba un notable ahorro de dinero público”.

No es la única teoría que difiere de la mayoritaria. El 11 de Febrero de 2008, unas excavadoras que trabajaban en la base militar que la brigada paracaidista (BRIPAC) tiene en Alcalá de Henares, encontraron los restos de lo que parecía ser una fosa común de la Guerra Civil. En ella aparecieron los huesos de unas ocho o nueve personas y según las especificaciones de los primeros informes, se concluyó que eran víctimas de los fusilamientos del bando republicano en la localidad.

Esta tesis reabrió el caso de Andreu Nin en todos los medios, ya que algunos restos mostraban signos de tortura -como tibias rotas- o de ejecución directa –balas en los cráneos-. También queda muy cerca de la casa usada por Hidalgo de Cisneros, donde supuestamente fue asesinado Nin. Los defensores de este planteamiento rechazaban la nota manuscrita, siendo partidarios de que Nin había sido enterrado con otras víctimas al norte, en la carretera que une Alcalá de Henares con Meco. No al sur, como sostiene la teoría mayoritaria.

También han aparecido teorías nuevas, pero en su mayoría simplemente alteran ligeramente los hechos. El historiador Ángel Viñas concluía en su estudio que Nin había sido asesinado el día 22, la misma noche del secuestro, por lo que no podía hablarse de un segundo piso en Alcalá.  Por su parte el periodista Vicente Sánchez Montó y el historiador local José García Saldaña aseguraban que el segundo piso al que se trasladó a Nin no era la casa de Hidalgo de Cisneros y su mujer, sino la del diputado conservador Rafael Esparza, asesinado en 1936. Esta última vivienda situada al sur de la ciudad y cercana a la carretera de Alcalá de Henares a Perales de Tajuña.

Pelai Pagés, uno de los historiadores que más a tratado el tema de la muerte de Nin y la represión contra el POUM, concluye:

“Las circunstancias, aunque son importantes, siguen siendo circunstancias y en ningún caso pueden esconder ni cuestionar lo esencial en el asesinato de Andreu Nin.  Puesto que, como escribió Albert Camus, el asesinato de Nin significó un viraje en la tragedia del siglo XX, que fue el siglo de la revolución traicionada”.

Es posible que jamás conozcamos exactamente que ocurrió con Andreu Nin y como se desarrollaron las últimas horas de su muerte. Pero quizá, como afirma Pagés, ni siquiera importe, puesto que los hechos más importantes del caso sí parecen probados.

Los servicios de espionaje soviéticos llevaron a cabo la conspiración y el arresto de los dirigentes del POUM y se encargaron de acabar con la vida de su líder, contando siempre con la ayuda de un buen número de comunistas españoles. Los datos aportados demuestran que Nin, por su oposición y sus continuos ataques, se había convertido en una auténtica obsesión para Stalin así como para muchos de sus agentes en España. Lo pagó caro.

Por otra parte, es claro el papel que tuvo el gobierno del socialista Negrín en la trama. Tras la desaparición de éste, el gobierno puso en macha una investigación para localizarlo y desentrañar los extraños sucesos que se habían desarrollado aquellos días, pero en todo momento Negrín trató de que la investigación no afectara a la relación del bando republicano con la URSS. Los documentos aportados por Jose María Zavala en “En busca de Andreu Nin” demuestran que Negrín tuvo conocimiento de la situación que corría Nin:

“Negrín supo dónde estaba Nin y no hizo nada por salvarle. ¿La prueba? Un borrador de la nota de prensa, de su puño y letra, donde éste tachó la palabra secuestrado sustituyéndola por Andreu Nin, así como Alcalá de Henares. La señal es inequívoca.”

Negrín era un hombre pragmático perteneciente al ala moderada del PSOE. No compartía las tácticas de los comunistas, ni veía con buenos ojos que estos actuaran al margen de la legalidad de la república. Sin embargo, era perfectamente consciente de que sin el apoyo de la URSS la guerra estaba perdida y que las consecuencias de eso serían catastróficas para los republicanos. Por si fuera poco, en esas fechas Negrín había puesto en marcha el traslado de las reservas de oro del Banco de España a Moscú. Una operación secreta que pretendía poner a buen recaudo el dinero del país para que éste no callera en manos del bando nacional.

Con este panorama no es difícil adivinar la decisión que tomó Negrín: Trató de ayudar al POUM en la medida que pudo, pero sin oponerse a los soviéticos, puesto que una crisis con Stalin era muy peligrosa para el país. En palabras de Greogorio Peces Barba del Brío, juez instructor del caso:

“Las circunstancias mandaron sobre los hombre y las circunstancias políticas mandaron sobre nuestras buenas intenciones (…) Aunque parezca raro a ninguno de los miembros del juzgado se nos pasó por la cabeza ir a Alcalá de Henares. Pensamos que era más urgente establecer culpabilidades porque del destino de Andrés Nin nos quedaban a todos muy pocas dudas…”

Tras las huellas de Nin.

Hacía meses que no conducía. Pese a ello, mi pequeño Opel Corsa corría como alma que lleva el diablo por la M-40, la autopista de circunvalación que rodea la ciudad de Madrid.

Yo me crié en Majadahonda, a unos 67 kilómetros de Alcalá de Henares, así que aproveché un fin de semana de visita en casa y decidí  ir para allá. Quería recorrer esos caminos y localizar los lugares en donde se habían desarrollado las últimas horas de Andreu Nin. Quería reproducir lo más cercanamente posible los hechos mismos que llevaba semanas investigando.

Aparqué mi coche en un parking de la Avenida Complutense, una de las más importantes del municipio, y empecé a moverme a pie por la zona. El día era magnífico, con un cielo completamente limpio de nubes y miles de personas disfrutando del sol en las calles y el aperitivo en las terrazas. Lo agradable del paisaje me resultaba chocante, teniendo en cuenta la oscura historia que me había llevado allí.

La localidad que conoció Andreu Nin no tenía probablemente nada que ver con la que yo recorría. En 1937 Alcalá de Henares era un pueblo agrícola, militar y de conventos que había tenido épocas de mayor gloria, pero que en esos años era conocida principalmente por ser el lugar de nacimiento del presidente de la república, don Manuel Azaña, además de ser una ciudad fortaleza en la que operaban un buen número de agentes soviéticos.

Ha cambiado bastante.

En pleno 2010, Alcalá es ya la tercera ciudad más grande de la Comunidad de Madrid, con más de 200.000 habitantes y nueve monumentos nacionales. Sin olvidar que con los años ha recuperado su belleza y esplendor, como demuestra el hecho de que su casco histórico y su universidad fueron nombrados en 1998 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Alcalá de Henares en 1940 (Dirección General del Instituto Geográfico y Catastral)

La ciudad, hoy. El tamaño original aparece sombreado

Recorrí un trecho tratando de localizar la Avenida Guadalajara, donde según mis informaciones, se encontraba el chalet donde había sido torturado Nin tras el secuestro. No me resultó especialmente difícil, pese a que ninguno de los transeúntes a los que consulté y expliqué mi historia sabían nada del tema. Llegué a la avenida y localicé el número 7. Saqué excitado mi ejemplar de “En busca de Andreu Nin” en el que había una foto en blanco y negro de la que era, con muchas posibilidades, la antigua casa del jefe de la aviación republicana Ignacio Hidalgo de Cisneros. No había duda.

El edificio tenía algunos cambios. La verja exterior había desaparecido y ahora el escaparate de una tienda de moda ocupaba la parte inferior. También la fachada lucía restaurada, con una limpia capa de pintura blanca y amarilla. Pero la confusión era imposible. Hasta los árboles y la señal de prohibido estacionar se mantenían en el mismo lugar.

Si los cálculos eran correctos me encontraba frente al edificio dónde se torturó y asesinó a Andreu Nin.

El chalet de Hidalgo de Cisneros, en 1937

El chalet de Hidalgo de Cisneros, hoy.

Había alcanzado el primer punto de mi recorrido. Saqué unas fotos y busqué el siguiente lugar que despertaba mi curiosidad: Los alrededores de la base de la brigada paracaidista Primo de Rivera, el lugar dónde habían aparecido los restos de la fosa común en 2008.

La base de la BRIPAC está relativamente cerca de la avenida Guadalajara, a aproximadamente 10 minutos en coche al norte de la ciudad. Se encuentra al inicio de la carretera que une Alcalá de Henares con el municipio de Meco. Precisamente en esta carretera apareció la fosa. ¿Sería posible localizar la zona?

Recorrí la carretera en coche varias veces sin encontrar nada extraño. Aparqué el coche en un descampado al pie de la base y avancé por los campos cercanos. La zona conservaba su aspecto ligeramente agreste, pero también había signos de que había sido ajardinada: bancos, rutas, una caseta, etc.  A mi regreso pregunté a los vecinos con los que me cruzaba si conocían la historia. Lo mismo hice en un par de puestos de control de la base militar. En todos los casos, sin suerte. Era realmente curioso. Desde hacía meses los medios de comunicación hablaban casi a diario de fosas comunes de la Guerra Civil -con todo el jaleo del juicio a Baltasar Garzón-, y sin embargo nadie había oído hablar de los hechos ocurridos en el propio municipio.

Entrada de la Base Primo de Rivera, en la carretera que une los municipios de Acalá y Meco

Alrededores de la base.

Desanimado intenté la tercera opción: recorrer el camino hasta el punto donde la teoría mayoritaria cree que está el cadáver de Nin, en la antigua carretera de Perales de Tajuña, pero sabía de antemano que era casi imposible. El crecimiento de la ciudad había alterado los caminos y las nuevas autovías, M-220 y M-221, se desviaban del recorrido original. El rastro de Andreu Nin se perdía en las afueras de Alcalá de Henares.

Era frustrante llegar a este punto y no poder ir más allá. Pensé en todos los historiadores y periodistas que habían tratado el tema y que se habían quedado en ese mismo punto. En los miembros de la Fundación Andreu Nin, que llevan décadas presionando para que la historia no se olvide y que ven como las teorías, aunque cada vez reducen más el cerco, no acaban de poner el punto y final.

Pero tengo esperanza. Quiero creer que los pocos flecos que todavía quedan por conocer acabaran saliendo a la luz. Algún día España superará el drama que supuso la Guerra Civil y ambos bandos conseguirán, por fin, hacer las paces y enterrar a sus muertos. Y quién sabe. Tal vez ese día alguien dé una palada de tierra cerca de Perales de Tajuña, o de Albacete, o de Meco. Y sepamos, por fin, la respuesta a la pregunta que lleva más de setenta años sin respuesta: ¿Dónde está  Andreu Nin?

A día de hoy una cosa es segura:

Ni en Salamanca, ni en Berlín.

Algo es algo.

Placa Conmemorativa en el portal del antiguo Hotel Falcón , antigua sede del POUM , dónde hoy se ubica la biblioteca Gòtic-Andreu Nin y la escuela superior de diseño ELISAVA (U. Pompeu i Fabra)

Anuncios

Reportaje publicado en el Mundet del Máster BCNY.

Hay pescadores de corazón y hay pescadores de profesión

La tradición pesquera ha sido, desde hace siglos, algo íntimamente ligado al pueblo catalán. Las embarcaciones enfilan el mediterráneo día tras día para recorrer las zonas cercanas a la Costa Brava dónde se encuentra buena pesca. Sepia, boquerón, sardina, pulpo. Decenas de especies son pescadas en las cálidas aguas del Mediterráneo para venderse luego tanto en España como en el extranjero. Y es que la globalización ha llegado incluso a este tradicional oficio.

La profesión de pescador ya no es lo que era. Los altos costes, así como las dificultades burocráticas y la dureza del trabajo diario, han frenado un negocio que tuvo épocas de gran esplendor. Los viejos pescadores recuerdan las décadas de los 60 y 90, en las que los precios de las capturas compensaban sobremanera el duro trabajo de cada jornada. Pero, ya no es así. Raro es el joven que decide embarcarse en lugar de estudiar una carrera de las llamadas “con futuro” y aún más raro aquellos valientes que se deciden a empezar de cero. En las cofradías, las tradiciones familiares son bastante comunes ya que los hijos se benefician de la experiencia de sus mayores no sólo para aprender, sino para captar recursos: barco, material, trabajadores, etc.

Este es el caso de Domenec Bardí. Hijo, nieto y padre de pescadores, ha dedicado al oficio del mar más de 35 años de su vida, sin lamentarlo: “Uno tiene que hacer lo que le gusta. Y yo no puedo vivir sin el mar. Sin bajar al puerto, conocer las capturas de los compañeros, localizar nuevas rutas donde faenar”. A su lado, su hijo Roger comparte sus palabras. Desde hace seis años trabaja con su padre y su tío en el Domingo, el barco que lleva el nombre de su abuelo paterno y que forma parte de la flota de municipio barcelonés de Vilanova i la Geltrú. Su tarea principal es mantener controlados los motores del barco aunque también arrima el hombro en el momento de la recogida.

El “Domingo”, amarrado a puerto tras la jornada pesquera

Roger dedica a la pesca la mayor parte de sus días: las jornadas de trabajo van desde las 12 de la noche hasta bien entrada la mañana. Pero, por si no fuera suficiente, hasta hace poco las tardes las dedica a sacarse el título de patrón y mecánico.

Pese a todo, el caso de Roger no es lo más habitual. Los pesqueros que antaño contaban con siete marineros hoy tienen apenas tres y los más grandes, raras veces consiguen superar la decena. Es la triste realidad de la pesca a día de hoy.

Sin embargo, esta falta de pescadores ha ayudado a que cientos de inmigrantes encuentren empleo en la marinería. Tras un curso de un mes de duración en el que aprenden las cosas básicas (nudos, técnicas de seguridad laboral, etc.), pueden buscar trabajo como marineros. “El número de inmigrantes ha aumentado mucho con los años” afirma Luís, un almeriense que se dedica a la pesca desde el año 75. “Por lo general no hay problemas. Lo malo es cuando te insultan ¡qué no te enteras!” , dice riéndo.

Entre faenas y subastas

Las diferentes embarcaciones suelen dedicarse a diferentes tipos de pesca y cada una de ellas, a su vez, aprovecha diferentes horarios y zonas. La de arrastre, por ejemplo, dedicada principalmente al marisco o especies que viven cerca del lecho marino, es diurna. Por su parte, la de superficie, es nocturna. Y la razón es puramente práctica: la luz del sol difumina los grandes bancos de peces y dificulta su pesca. En la noche, cuando los bancos tienden aagruparse, es más fácil darles caza.

Algunas zonas de la costa tienen ventaja sobre las demás. Durante décadas la pesca se dirigió al Golfo de León, en la Costa Azul. Aquí, las aguas cercanas a Tarragona concentran estos días buenas faenas y, en ambos casos, la desembocadura de los ríos tiene mucha culpa. Tanto en el delta del Ródano como en el del Ebro, las aguas arrastran restos y residuos del lecho fluvial. Éstos, una vez llegan al mar, convierten dichas zonas en las preferidas por los peces. Además, cuando se acerca la primavera comienza la época de cría y los barcos se lanzan a estos paraísos para tratar de llenar sus redes.

Pescadores en plena faena en alta mar

El puerto y la lonja marcan el fin de las faenas pesqueras. Tras descargar la captura, toneladas de pescado en cajas con el logo de la cofradía entran en    la      lonja. Allí, decenas de compradores esperan mando en mano, ya que las nuevas tecnologías no perdonan y los tradicionales gritos han dado paso a puja digital. Mientras el pescador impone el precio de salida, los compradores esperan al último momento para llevarse la mercancía a buen precio. Nunca se sabe cuál será el resultado y hasta el último minuto es difícil saber si mereció la pena la jornada o fue un gasto casi inútil de tiempo, sueño y gasoil.

En cualquier caso el final suele ser el mismo. Acodados en la barra, con la piel seca y cuarteada por el frío y el mar, los marineros apuran en silencio la taza de café o el vaso de licor. A la noche volverán a echarse a las aguas, con la esperanza de que, cuando recojan las redes, estas rebosen de vida, aletas y escamas de plata.

Da igual la hora del día,siempre hay gente en La Rambla

De todos los barrios de Barcelona, posiblemente el Gòtic sea uno de los que más información puede ofrecer.  El que para muchos es el barrio más característico de la Ciudad Condal es más que una zona turística. Desde los inicios de la ciudad, como la Barcino romana del siglo I a.c, hasta la que hoy conocemos, ha ido superando etapas buenas y malas, adaptándose y renovándose a lo largo de los años y absorbiendo en sus calles restos de todos los acontecimientos sociales, culturales y políticos de Barcelona.

El Gòtic se encuentra en la zona centro del distrito de Ciutat Vella, enmarcado entre la Rambla, la Vía Layetana, la Plaza Catalunya y el Mar Mediterráneo. Pasear por sus calles es trazar un recorrido a través de la historia de Barcelona. Su mapa alberga desde obras monumentales como la catedral de Santa Eulalia a referentes administrativos como el edificio de la Generalitat. Desde las calles de adoquines de piedra de la Plaza del Rei, a las terrazas de la Plaza Real, pasando por el bullicio perpetuo de la Rambla o el eco de pisadas de la calle Comtes, el Gòtic siempre parece tener escondido algo más para ver. Pocos barrios han conseguido mezclar de una manera tan auténtica tradición y modernidad, consiguiendo un efecto que mezcla cultura, vida bohemia y turismo a partes iguales. Ver a dos vagabundos cantando ópera mientras un hombre desnudo pasa en bicicleta, todo ello junto a un edificio del Siglo XIII, es algo que no toda ciudad puede ofrecer. Como diría el anuncio: “Hay cosas que no tienen precio”.

Al ambiente de pequeños comercios tradicional de la zona se ha unido una gran oferta de franquicias de comida rápida y de moda que han revitalizado todo el barrio. Bares de copas, terrazas y artistas callejeros de todo tipo adornan las calles, que atraen por igual a extranjeros que a los mismos barceloneses: “EL Gòtic es sin duda el mejor barrio para enredar de Barcelona” comenta Juan, un estudiante zaragozano. La bohemia de la ciudad también se ha hecho un hueco, dándole un estilo y un fondo que el Gótic comparte con su vecino, el Born: tiendas de tatuajes, puestos de zumos, ropa new age, pósters, calles perfumadas con incienso, etc., hacen que esta zona de la ciudad condal tenga personalidad propia.

Actualmente, el distrito de Ciutat Vella está en boca de todos. Desde hace meses la Rambla y sus alrededores, han saltado a las portadas de los diarios como uno de los puntos más negros del panorama de la Barcelona actual: vídeos de relaciones sexuales en plena calle, jeringuillas en las aceras y disturbios de todo tipo recuerdan los tiempos más negros del distrito quince o veinte años atrás, cuando toda Ciutat Vella parecía haber tocado fondo. De cualquier modo, aunque el trapicheo de droga es muy patente y todavía se pueden ver algunas prostitutas por las calles, María Luisa Coll, Gerente de la Asociación de Comerciantes Barnacentre, -una de las más dinámicas de Ciutat Vella- le quita importancia: “Es posible que haya algún caso, pero a día de hoy eso ocurre principalmente en el Raval. Gracias a Dios en nuestro barrio la Rambla hace de cortafuegos”.

Desde hace años la presión ciudadana ha conseguido que el número de policías aumente en Ciutat Vella, pero lo cierto es que el Gòtic, y sobre todo la Rambla, son una de las zonas con mayor número de pequeños robos de toda Barcelona: “Hemos llegado a tener más de quinientas denuncias acumuladas en un día” nos comenta un destacado miembro de la guardia urbana mientras sostiene un enorme taco de papeles, en la comisaria de la Rambla. “La ciudad no es peligrosa, pero la delincuencia a pequeña escala sigue demasiado presente”. Ésa es una de las razones del gran sentimiento de unidad entre los residentes de la zona, que pretenden defender sus intereses a través de diferentes asociaciones vecinales y comerciales: Amics de la Rambla, Barri Gòtic, C.G.N.A.I, etc.

Por cada una de sus grietas el barrio rezuma historia y ésa es otra de las razones que le ha convertido en uno de los más turísticos de Barcelona. Además de sus  cerca de veinticinco mil habitantes (distribuidos en cinco zonas: Santa Anna –Portal l´Àngel-, El Pi, Plaza Reial, Ciutat Romana y La Mercè), cada día miles de turistas recorren ensimismados las calles del Gòtic disfrutando de sus plazas, terrazas, tiendas, patrimonio cultural, etc. Y dónde hay turistas, hay negocio: “Este barrio es como un centro comercial al aire libre, pero sin renunciar a su carácter tradicional. Con el paso de los años se ha convertido en un paraíso para el comercio. Uno puede encontrar cualquier cosa en sus calles”, defiende María Luisa.

Sin embargo este auge del turismo tiene un precio y para algunos está empezando a salir caro. Las tiendas de todo a cien, de souvenirs o los supermercados propiedad de pakistaníes o chinos están apareciendo por toda la zona, especialmente cerca de la Rambla, y amenazan con cambiar el ambiente de pequeños comercios que ha habido durante décadas. Esta situación molesta a los habitantes, que se niegan a que sus calles se conviertan en un “low cost urbano” sin ningún valor añadido.

De igual modo, el carácter “canalla” de Barcelona la convierten en un sueño para los turistas, que en muchos casos acostumbran a convertir las calles y aceras en sus orinales y tablaos particulares: “Las cosas han mejorado desde los años ochenta y noventa -cuando el consumo de droga y la delincuencia arrasaron toda Ciutat Vella-, pero es todavía es necesario un mayor control y seguridad” nos dice Óscar, comerciante y vecino de la Calle del Pi. La idea general que se respira entre los vecinos del Gòtic, es que las autoridades han dejado de lado a los residentes para fomentar el turismo y en muchos casos no se ha tenido la prudencia necesaria para prevenir los problemas que esas prácticas podían causar.

Lo cierto es que el barrio, con todos sus defectos, produce un sentimiento de apego especial, algo que parece característico de todo el distrito de Ciutat Vella. El Raval es la zona más poblada y actualmente más deprimida, pero está lleno de vida. Santa Caterina, Sant Pere y la Ribera (El Born) son desde hace casi una década el “Soho” de la ciudad Condal y el Gòtic, como no podía ser de otra manera, es para sus vecinos el barrio histórico, el que vio nacer a Barcelona y que guarda en si mismo las raíces de todos los que han venido después.