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Nunca he sido especialmente fanático de la ciencia ficción. Quiero decir que mientras que muchos de mis amigos babeaban y se disfrazaban de Star Wars, o mi primo veía una y otra vez las pelis y las series de Star Trek, a mí me daba un poco igual ese mundillo. Ese rollo futurista, donde las reglas tal y como las conocemos son cambiadas día a día, y el vestuario es, casi siempre, de goma ajustada y todo como muy de diseño, siempre me ha dado una singular pereza. Lo cual no es inconveniente para reconocer que, como escritor, es un género que ofrece infinitas posibilidades  de narración y al que se le puede sacar mucho jugo.

Sin embargo, tras darle muchas vueltas, pensé que uno  ha de leer de todo (al menos un poco), así que decidí echar un ojo a algún libro del género pues , más allá del cine y la TV, la literatura de ciencia ficción ha sido, y es, terriblemente popular. Un buen amigo -ducho en este tipo de libros- fue quien me recomendó “El fin de la eternidad”, obra de uno de los grandes de la ciencia ficción: Isaac Asimov. Y he de decir que el libro me ha sorprendido muy gratamente.

Su historia nos traslada al futuro, en el que el viaje en el tiempo es prácticamente el pan nuestro de cada día, de la mano de la institución conocida como la Eternidad, cuya tarea es, ni más ni menos, que la de moverse a través del tiempo alternando la realidad de manera que los grandes desastres de la civilización humana no lleguen a ocurrir. Mediante conocimientos y estimaciones matemáticas, los expertos calculan las repercusiones futuras de los actos, de manera que las guerras se frenan antes de que ocurran, al igual que los accidentes o cualquier otra situación desagradable que podamos imaginar. Un avión que se pierde, una prenda que no se encuentra o un segundo de retraso cambian el curso de la historia, controlada y reescrita de manera continua más allá de la comprensión de los ciudadanos corrientes.

Los encargados de  estos cambios no son otros que los conocidos como ejecutores, y es uno de ellos, Andrew Harlan, quien se encarga de protagonizar la historia. Harlan es la imagen perfecta de su profesión: Frío, fiable, estricto, escrupuloso y certero. No comete errores ni incumple las reglas. Y por si fuera poco atesora unos enormes conocimientos de los siglos primitivos (los nuestros), es decir, aquéllos situados antes de la invención del el viaje temporal. Trabajando para su jefe, Laban Twisell, Harlan se ve envuelto en una trama cuyo papel no entiende demasiado, pero que realiza a la perfección. Todo cambia al conocer a Noys Lambent. El extraordinario deseo de Andrew por ella hará que se replantee toda su conducta y su sistema de creencias, lo que afectará profundamente a la Eternidad , y por lo tanto, a la raza humana.

Parece sencillo, pero no lo es. De hecho es una de las novelas que más obliga al lector a estar atento a cada palabra y descripción (al menos de las que yo he leído). Pero no obstante, Asimov cuidó tanto el desarrollo que al poco tiempo, uno comprende realmente bien el funcionamiento de la Eternidad y sus desplazamientos entre los siglos 27 y 100.000 de la historia de la humanidad. Un trabajo originalísimo de creación y construcción con una trama que, francamente, deja al lector alucinado en sus instantes finales.

¿Fallos? Los hay. El primero es que durante buena parte del libro echamos en falta algo más de acción. La tensión es muy baja durante la primera mitad e la novela y no es hasta sus últimas páginas que la cosa empieza a animarse. Y eso, a su vez, es otro problema: El final es demasiado brusco. Después de cientos de páginas, la epopeya de Andrew Harlan se resuelve en menos de dos docenas de páginas que, pese a su maestría, nos dejan con la sensación de que otras 50 le hubieran venido verdaderamente bien.

Sin embargo, estos fallos no son en absoluto un motivo para descartar una novela que ofrece un guión sumamente inteligente y bien hilvanado, así como una muestra perfecta muestra de las posibilidades de narrativas de ciencia ficción en general, y de Asimov en particular. Todo un descubrimiento que, ahora sí, sé que no será la última del género sobre la que posaré los ojos. Muy recomendable.

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Recapitulemos: Hará unos meses, un diputado del partido griego Amanecer Dorado apuñaló a un conocido cantante de rap de extrema izquierda en Grecia. Ante semejante barbaridad toda la izquierda europea clamó contra Amanecer Dorado, y de paso, contra los partidos de extrema derecha del continente, pidiendo, no sólo que se juzgue con todo el peso de la ley al animal que cometió el asesinato, sino además, la prohibición de propio Amanecer Dorado (algo que se llevó a cabo poco después) junto a todos los partidos de extrema derecha del Europa.

Por mi parte diré que no me parece mal. No soy partidario de que haya animales así en política y viviendo de nuestros impuestos. Y mucho menos de que estén en el parlamento hombres que no reconocen ni creen en la democracia y cuyo deseo es abolir la misma nada más lleguen al poder. Que quede claro.

Lo que me parece desconcertante es que lo que ha ocurrido después y que apenas ha sido comentado en los medios y redes sociales: Dos partidarios de la extrema izquierda griega, subidos a una moto, acribillaron a tiros a dos miembros de Amanecer Dorado en plena calle. Y nadie se ha inmutado. Parece normal. Legítimo. Justo ¿A dónde vamos a llegar?

Del mismo modo que el uso de la violencia es una causa legítima para expulsa a un partido de extrema derecha de un parlamento, un acto como el indicado tampoco debería quedar impune para la izquierda. No pueden ser diferentes los actos de uno y otro bando. Si desaparecen partidos como Amanecer Dorado, también deberán hacerlo partidos comunistas, anarquistas, o de extrema izquierda, pues sus postulados son tan totalitarios y antidemocráticos como los primeros, y su historia, aún más sangrienta.

Alguien dirá que el acto es una respuesta, y por lo tanto, legítimo. Bueno, no estoy de acuerdo. Un crimen como venganza, aunque pueda estar atenuado, no deja de ser un crimen que ha de pagarse. No podemos saltarnos las leyes sin castigo. No puede permitirse que vuelvan los tiempos de la Guerra Civil española (por poner un ejemplo), con los milicianos de uno y otro signo matándose por las calles en una especie de guerra de bandas. Por otro lado, nadie ha sido más agresivo e intolerante que la izquierda (baste con notar el porcentaje de grupos terroristas ideológicamente de izquierdas, los movimientos revolucionarios que causan disturbios y agresiones de manera continua, o los ataques, verbales o no, hacia aquellos que se atreven a criticar sus postulados).

Un crimen es un crimen, y el mismo acto, por ambas partes, no pude ser juzgado de modos diferente.  Menos aún olvidado de manera consciente. No puede haber asesinos buenos y asesinos malos. Al menos, no en un estado de derecho en el que todos los ciudadanos tengan el deber de supeditarse a la ley. Lo contrario es una bomba de relojería en toda regla.

SOBRE EL SER RICO (Breve apunte)

Publicado: 14 octubre, 2013 en Post Libres
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Últimamente, por comentarios y reacciones tanto aquí como en el día a día, creo que se ha producido aquí un error. El de aquéllos que, tras leer algún artículo del blog, interpretan que yo sostengo que hacerse rico es lo más fácil del mundo. O que generar riqueza a altos niveles es algo que todos podemos hacer.

Aclaremos: No. En ningún caso. De hecho es la idea opuesta.

Generar riqueza es muy difícil. Algo a la altura de unos pocos. Mentes brillantes que desarrollan los logros de la humanidad, que dan forma a las grandes obras del arte y la literatura, o que crean nuevas herramientas que cambian el paso del planeta, y se enriquecen con esas aportaciones, no son normales. Es algo que no puede conseguir cualquiera. Requiere brillantez, genio, inteligencia, esfuerzo, coraje y muchas otras virtudes que no todos poseemos.

Ahí está precisamente su mérito: Hacen aquello que no todos podemos hacer. Y yo respeto eso.

Espero que ya esté claro.

viñeta borracho alemania copiaEsto es lo que me viene a la mente. Después de años metiendo la pata y tirando el dinero como si creciera en los árboles es normal que el que nos lo presta nos ponga unas condiciones. Lo veo lógico.

Imagen  —  Publicado: 26 septiembre, 2013 en Viñetas
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MACHINARIUM

Publicado: 25 septiembre, 2013 en Videojuegos
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Nunca he sido demasiado aficionado a jugar a videojuegos en el móvil o la tablet. Pese a que es un entretenimiento cada vez más común y que ha atraído a gente que nunca había jugado, yo no me he sentido atraído por los mismos. El único que despertó en mí algo de interés fue Angry Birds, pero nada mas que un mes aproximadamente, y jugando en PC (regalo cortesía de una buena amiga). Soy un clásico, de esos de jugar Zelda, Mario, Halo, etc.

Sin embargo, por alguna razón que desconozco, hace unas semanas me encontré, buceando por Applestore con la sección de videojuegos. No buscaba nada en concreto, pero pensé que tal vez hubiera por ahí algo que mereciera la pena descargar, o incluso, comprar. Apareció ante mis ojos, como de sorpresa, un simpático personajillo con aspecto de robot, valorado con nada menos que 5 estrellas: “Machinarium”. Y decidí echar un vistazo. Las capturas de pantalla eran soberbias, con unos gráficos muy cuidados, divertidos y rebosantes de ternura e imaginación. Los comentarios respecto al mismo tampoco se quedaban atrás: “Magnífico”, “una obra de arte”, “el mejor juego de iPad”, etc. Y encima pertenecía al género de la aventura gráfica, el cuál yo siempre había pensado que podría funcionar muy bien en una tableta. Así que pensé: “¡Qué cojones!” y pagué los 4,99 euros que costaba. Un gran precio, por otra parte, teniendo en cuenta lo que un juego del mismo tipo puede llegar a costar en PC o videoconsola.

A los dos minutos de partida supe que había dado en el blanco: Machinarium es una pequeña joya. Uno de esos juegos que al principio parecen simplemente simpáticos y después te das cuenta de que , además, están medidos hasta el mas mínimo detalle: El argumento, los puzzles, el diseño de los niveles, etc. Todo está medido y hecho a la perfección para dar horas de diversión.

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Capítulo aparte merece la dificultad. En lo que ha aventuras gráficas se refiere esto es algo que es bastante común (que se lo digan a los fans de clásicos como Monkey Islando o The Dig), pero lo cierto es que Machinarium se lleva la palma- Y más al jugar en un iPad, donde no contamos con los clásicos iconos de ratón par guiarnos. Tanto es así que los desarrolladores han decidido incluir una guía  en el propio juego para que no nos quedemos atascados en el mismo. Que no clamen aún al cielo los puretas: La guía es opcional y para acceder a ella tenderemos que salir victoriosos, cada vez que queramos consultarla, de un divertido minijuego.

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Lo mismo puede decirse de la trama: Sencilla pero perfecta para su cometido. Nos sacará la sonrisa en más de una ocasión y nos llenará de ternura en otras, pero eso sí, poniendo siempre a prueba nuestro ingenio, pues como decimos, algunos de los puzzles del juego son de verdadera traca.

Una auténtica maravilla que ningún jugador, ya sea de PC, consola o Smartphone debería perderse. Un verdadero soplo de aire fresco que demuesta que, en lo que a videojuegos se refiere, los tablet y los smartphone vienen pegando muy fuerte, siendo capaces de aprovechar algunos de los títulos más entretenidos del mercado. habrá que estar más atento.

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Imagen  —  Publicado: 6 septiembre, 2013 en Post Libres
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A VUELTAS CON LAS BECAS

Publicado: 26 junio, 2013 en Artículos
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La mentalidad española de la que hacemos gala es de juzgado de guardia. Medio país subiéndose a las barbas del ministro de cultura, José Ignacio Wert, por el tema de la concesión de becas. El primer político, en décadas, que dice lo que nadie quiere oír pero que muchos llevamos pensando desde hace mucho tiempo: No se puede tener un sistema educativo que premia al que es un desastre y castiga al que es brillante. No se puede. Es algo completamente injusto que va contra toda la lógica y que ni siquiera debería tener que explicarse. Y mucho menos criticarse.

Veamos: Miles de personas en todo el país se levantan porque las becas no se darán a estudiantes con menos de un 6,5 de media (Nota que, por mi parte, me sigue pareciendo ridícula). Las becas, es decir, las ayudas, deben darse a estudiantes brillantes. El baremo para medir el acceso a una beca no puede ser la pobreza, o al menos no el baremo principal. Las ayudas deben darse a aquellos que las necesiten, sí, pero principalmente a aquellos que las merezcan y puedan aprovecharlas. Una beca es una inversión por parte del estado y eso es lo que hay que tener en mente a la hora de concederlas. Deben otorgarse a estudiantes que puedan sacar lo mejor de ellas. Son esas personas, por sus méritos, los que deben ser premiados. Precisamente porque son ellos los que con mayores probabilidades de darnos, a todos los españoles, riqueza, empleo y alegrías en el futuro creando proyectos de éxito.

Pensemos fríamente todo esto, porque el sistema educativo español y su idea de que se ha de ayudar al débil por el hecho de serlo es un error que vamos a pagar muy caro.

Cuando yo empecé a estudiar, si tenías dos asignaturas suspensas, repetías curso. Después, esto se cambió a 3 asignaturas. Después te permitían pasar de curso con varias, y ahora ya ni sé que condiciones hay. Paralelamente, se fue rebajando la carga de todas las asignaturas, todo en aras de conseguir que hubiera el mayor número de jóvenes con acceso a la universidad. Todas ellas medidas que lo que hacen es bajar el nivel de los mismos universitarios, devaluando sus títulos. No tiene ningún sentido. Todo ello para que luego las universidades españolas escupan cada año miles de licenciados que van directamente al paro, porque no hay ningún sistema profesional que pueda ofrecer esa oferta laboral. Y menos en España.

Antes, con lógica, estudiaban una carrera universitaria unos pocos. Los mejores. Los que eran capaces y se habían convertido en buenos estudiantes con esfuerzo y disciplina. Los que no, podían aprender un oficio, o alguna titulación intermedia menos exigente. Pero la educación partía de la base de que debías llegar a un mínimo grado de excelencia para poder tener un título universitario.

Actualmente todo se hace al revés, bajando la calidad de la educación en pos de que todo el mundo pueda tener un diploma. Es una estupidez y no hace ningún bien a la sociedad. Se ha llegado, incluso, a reclamar medidas como la propuesta por un gobernante del PSOE en Extremadura, que defendía que se pagara a los estudiantes por ir al colegio ante la subida del absentismo escolar. Pagar al alumno para que no se vaya de pellas. ¿Soy acaso el único que cree que esto es una estupidez sin ningún sentido? ¿A dónde vamos a llegar? Ir a clase y esforzarse en los estudios no es algo que deba ser recompensado. O al menos no por los aparatos gubernamentales (si los padres quieren motivar y premiar a su hijo por ello, es cosa suya). Ir a clase, estudiar y aprobar es el trabajo diario de cada estudiante. Punto.

Estás medidas, esta mentalidad, son totalmente injustas. Justicia significa que cada uno tenga lo que se merece. El que es honrado, trabajador, brillante, etc. merece ser apoyado y cuidado. El que no, debe ser responsable de su vida y apechugar con su decisión de ignorar la oportunidad que se le ha brindado.

Evidentemente este no es el caso de todos. Muchos jóvenes vienen de estratos sociales más desfavorecidos y la beca es su esperanza, cierto. Pero eso no significa que deban ser mantenidos sin ningún esfuerzo por su parte. La demostración de que esas personas merecen esa ayuda y de que la valoran, es ni más ni menos que el hecho de que se tomen en serio la oportunidad que se les brinda a través de los impuestos de todos los demás ciudadanos. Y no hay más demostración de eso que siendo un buen estudiante con la mejor nota media posible.

Ayer nos sorprendía una noticia de que según los datos de la Comunidad Andaluza, 340.000 universitarios no hubieran llegado al 6,5.

Bien, es la viva demostración del sistema.

No quiere decir que la medida sea injusta, quiere decir que las continuas bajadas de nivel lo que están creando es una generación universitaria deficiente, que no dispone de las condiciones ni del carácter de excelencia que se ha de encontrar en semejante sector de la sociedad. Quienes apuestan por rebajar la carga de contenidos en las escuelas para conseguir un número mayor de titulados, no le hacen ningún favor a la sociedad y desconocen profundamente el funcionamiento de la misma. No es cualquier idiota, por mucho título que tenga, el que hace que se desarrolle el mundo. Los avances científicos, los avances tecnológicos, los avances sanitarios, y en general todo progreso que se ha llevado a cabo en la historia, es gracias al trabajo de por personas que han alcanzado las más altas cotas en sus diferentes campos. Personas capaces de llevar a cabo su tarea de la mejor manera posible dedicándose a la labor que conocen y disfrutan. Bajar la exigencia de las carreras de ingeniería no nos dará mejores ingenieros, nos dará más, pero de peor calidad. Destinar becas a alumnos con notas medias bajas no hará que estos sean mejores, hará que destinemos dinero público a quienes no nos harán recuperar dicha inversión.  Y rebajar las notas de corte y los requisitos de la educación secundaria nos dará miles de licenciados cuyo título no valdrá ni el papel en el que está impreso.

Algo valioso es aquello que cuesta conseguir. Lo regalado, lo alcanzado sin esfuerzo o disciplina, no vale absolutamente nada. Y por si fuera poco se crea una mentalidad completamente errónea: Que no importa ser bueno en algo para merecer lo mejor. Y eso es un suicidio social. Creará generaciones que no conocen las virtudes de dar el máximo. Generaciones que considerarán que no son responsables de nada, que pueden cometer cuantos errores quieran sin pagar las consecuencias y  que todo en la vida debe ser regalado. Una sociedad así es del todo defectuosa, apática e improductiva. Le pese a quien le pese.