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La “sonrisa” del verdugo

Publicado: 28 julio, 2010 en Post Libres
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Varios diarios publicaban ayer una noticia sumamente interesante: La sentencia a Kaing Guev Eak, más conocido en todo el mundo como “camarada Duch” director y resposanble de la prisión de Tuol Sleng, en Camboya, donde en el transcurso del gobierno de los Jemeres Rojos (1975-1979) perdieron la vida cerca de 16.000 personas.
Hace unos años, con motivo de la lectura de “Trasa las huellas del verdugo”, de Nic Dunlop, hice un post en el antiguo blog de libro de arena. La historia me pareció fantástica, y lo cierto es que quedé enganchado al tema por su crueldad, su cercanía y lo bien narrado que estaba. También ayudo la visión por las mismas fechas de “Los gritos del silencio” (obra maestra).
El caso es que al leer hoy la noticia no podía creer lo que leía. Las barbaridades que esta gente llevó a cabo en Camboya sitúan al régimen de los Jemeres Rojos a la misma altura que el partido nacionalsocialista o el PCUS en sus años más duros. Quizá más, ya que en proporción, el genocidio del Partido Comunista de Kampuchea es mayor quizá que cualquier otro, con el asesintao de más de un tercio de la población del país (1,7 millones). Sin embargo, el texto habla de una sentencia de 35 años…que se vera reducida a menos de 19.
19 años por la muerte de 16.000 personas.
Hace unos años toda España nos avergonzamos de nuestra justicia, cuando Iñaki de Juana Chaos salió de la cárcel tras cumplir 18 años a pesar de estar implicado en la muerte de 24 personas. ¿Cómo deben sentirse los camboyanos ante esto? En Camboya no existe la pena de muerte, y debido a la colaboración, el arrepentimiento y las presiones a las que -dice- estaba sometido Duch no han podido aplicarle la cadena perpetua.
Entre las personas que conozco del mundo del derecho, el razonamiento más conocido es que las penas no buscan el castigo, sino la reeducación de los presos. Un razonamiento lógico salvo por un detalle: se olvida completamente a las víctimas, así como al principio básico de la justicia: cada uno recibe lo que merece. Según este principio básico es completamente inconcebible que el responsable de tal cantidad de muertes tenga una condena tan rídicula en proporción a sus crímenes ¿Reducción porque se arrepiente? La primer muestra del deseo del preso a reinsertarse en la sociedad es aceptar el castigo que se le impone y que merece. Lo triste sería que no hubiera ningún arrepentimiento, que sintiera orgullo por torturar y asesinar a miles de hombres muejeres y niños.
Creo que para el juicio todavía quedan varios acusados del régimen de Pol Pot, pero la verdad es que no creo que siga ya el tema. Después de esta sentencia no sé qué esperar, y maldita la gana que tengo de descubrirlo. Hace años que dejé de creer en la justicia y sus sistema, pero me he cansado de ver razones para ello.
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