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TODOS CON BURGOS (CON LOS BUENOS)

Publicado: 15 enero, 2014 en Post Libres
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Quiero dar mi todo mi apoyo al bulevar de Burgos. A los buenos quiero decir. No a la panda de animales que llevan 5 noches seguidas destrozando mobiliario urbano, comercios, sedes bancarias y diferentes locales de la Avenida Vitoria, enfrentándose como terroristas a la policía y buscando crear el mayor caos social posible para sacar rédito político.

Tampoco a las asociaciones en contra, dirigidas por familiares y amigos de líderes de partidos de izquierda que están encantados con los acontecimientos y que se opondrían a cualquier medida, buena o mala, siempre que venga de la mano de la derecha.

Y mucho menos a los que han cogido esta situación (medios de izquierda sobre todo) y la están usando como amplificador para sus propias protestas, buscando un motivo más para romper el orden, saltarse la ley y sacar una ventaja ideológica que sus partidos no son capaces de ganar en las urnas.

Doy todo mi apoyo a la alcaldía de Burgos, quien sacó la medida en su programa y ganó las elecciones con ella. A todas las asociaciones a favor, que se reunieron con el gobierno y todas las partes ,y aprobaron, por mayoría, el proyecto. También al consejo del barrio de Gamonal, quien también apoyó, por mayoría (de nuevo), la obra. Sin olvidar a todos los vecinos de Burgos que, por ser más decentes y querer evitar problemas con esta panda de bestias, no salen en la mayoría de los telediarios. Lamentablemente ésa es la única manera para que el resto conozca el hecho de  que la reforma de dicha vía ha sido una petición constante desde hace 20 años de la ciudadanía de la capital burgalesa.

Los demás podrán gritar, lanzar adoquines y pedir apoyo en toda España. Da igual, no cambiará el hecho de que están equivocados. No son “los buenos”, por mucho que traten de engañar a la gente. No tendrán mi apoyo. Ni el de muchos otros, gracia a Dios. Y no porque yo tenga simpatía por el PP (al que no voté y con el que estoy en desacuerdo en una decena de aspectos) sino porque sé que no les importa siquiera tener razón. En Burgos, en realidad, no está pasando nada. Es la táctica de la izquierda de siempre: Hablar de democracia, pero no aceptar las medidas de gobiernos legítimamente elegidos por el pueblo que ellos dicen defender. Hablar de respeto, de tolerancia, pero atacar, con violencia si hace falta, a quien tenga la osadía de opinar diferente. Hablar de paz, pero usar cualquier excusa, cualquiera, para romper el orden establecido por todos los medios a su alcance, aunque sean ilegales, y luego culpar al sistema de “represor”, “fascista” o “totalitario” por hacer que se cumpla la ley, que es una de las pocas obligaciones que debe tener un gobierno.

Siempre es la misma historia. Partidos izquierda, u asociaciones vinculadas a la misma, protestan y llaman a la manifestación, entonces, grupos de extrema izquierda se desplazan hasta allá (aunque el tema les importe un pimiento) para crear el mayor caos y destrozo posible. Ignoran sin ningún complejo la voluntad que la mayoría ha mostrado y de paso cuestan miles de euros que salen del bolsillo de todos nosotros. Por si fuera poco falsean la realidad.

Lo cierto es que tienen algo de mérito, ellos se manchan las manos si hace falta.

La derecha, y el resto de ciudadanos, miramos y callamos. Con cara de tontos. Como si defender lo que es correcto, con las herramientas que da el estado para ello, fuera algo “malo”. No queremos follones, bastante tenemos ya en el día a día. Luego ves al alcalde que paraliza unas obras que tiene toda la legitimidad para hacer. A policías que aguantan agresiones e insultos, sin que nadie entienda que su labor, precisamente, es frenar y detener por la fuerza a aquellos que piensan que pueden saltarse la ley o usar la violencia para defender sus ideas. A obligar a cumplir lo que está establecido. Sin olvidar a los vecinos de Burgos que, en silencio, estoicos, esperan a ver cómo terminan los acontecimientos.

La mayoría, si no la totalidad de los radicales que cometieron actos violentos estas últimas noches no son ciudadanos del barrio de Gamonal. Están ahí únicamente para crear el mayor conflicto posible, para hacer el eco y ser el altavoz de la protesta, que así saldrá en muchos medios y calará en la opinión pública. Del mismo modo que han hecho en muchas otras protestas (siempre contra gobiernos del PP, obviamente) grupos de extrema izquierda aprovechan todas estas situaciones para “derrocar” el sistema, importándoles muy poco lo que quiera el resto de la población, que lo demuestra con su voto cada 4 años. Ellos son los fascistas. Los antidemócratas. Los intolerantes y los que oprimen al pueblo. Porque los que no pensamos como ellos también somos ciudadanos. Es algo que la izquierda tiende a olvidar.

Y los políticos de izquierda…son políticos. Que le vamos a hacer. Criticarán toda medida del gobierno, les guste o no, y tratarán de usar cualquier medio o apoyar cualquier acto que les permita llegar al poder o transmitir su mensaje. No importa que este sea falso, demagógico y contrario a la realidad. Perder unas elecciones nunca ha sido un problema para la izquierda. ¿Y respetar una decisión que su postura a perdido? Ni pensarlo. La democracia sólo es democrática cuando está de su lado. Y el respeto, el orden y los cauces legales sólo son aplicables a los demás.

Es tan bajo y repugnante que dan ganas de echarse a llorar.

No pare las obras, alcalde. Y ustedes, burgaleses a favor, no se callen. Busquen a los medios, den entrevistas, escriban cartas o colaboren con las asociaciones. No dejen a esta gentuza tomar la calle y manipular la realidad. No es cierto. No tiene razón. Pero no pararán mientras lo único que encuentren enfrente sea silencio.

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No soy precisamente el mayor fan del Papa y de la iglesia católica. Creo sinceramente que la religión a lo largo de los siglos no ha sido más que una excusa que han buscado las civilizaciones para explicar aquello que no tenía explicación y que ha usado la mayoría de sus normas y principios para controlar al resto de la masa y hacerla obedecer unas reglas que les convenían a unos pocos. Sin olvidar que durante siglos las religiones han transgredido una y otra vez sus propios preceptos y sus integrantes han demostrado que quedan tan lejos del ideal de moralidad y honradez que debe tener un ser humano como cualquier otro colectivo del planeta. Vamos, que no fui yo uno de los que acudieron raudos al encuentro de Benedicto XVI en Madrid.

Ahora bien. Entre no estar de acuerdo con una idea y lo que ha ocurrido estos días en mi ciudad media un abismo. Y lo que se ha visto en diversos videos de internet en los que los denominados “laicos” insultaban y humillaban a los jóvenes que acudieron a la concentración del JMJ tiene un nombre: Cobardía.

Hay que ser muy  desgraciado para juntarse mil personas en un lugar y rodear, insultar y acojonar a críos de 16 años. Y me da exactamente igual que se usen justificaciones vanas para defender ese comportamiento. El que se integra en una turba de ese tipo, defienda la ideología que defienda, y se enorgullece de humillar a alguien más débil arropado por una masa igual de descerebrada es un puto mierda. Un cobarde. Un hijo de puta. Puede pintarlo de la manera que quiera y legitimar sus actos con las teorías más absurdas, pero la verdad es ésa.

Me parece perfectamente correcto que se critique a la iglesia católica. Estoy de acuerdo en muchas de las recriminaciones que se hacen a las altas esferas de la misma o que se niege cualquier tipo de apoyo a una institución que, desde hace siglos, se ha demostrado como profundamente retrógrada y anacrónica, frenando en muchas ocasiones el desarrollo científico o social sin otra justificación que la “fe” (que no es otra cosa que creer “porque sí”, cosa que no tiene ningún sentido). Pero resulta que la situación que se ha visto nada tiene que ver con esto. Ni tampoco con las cargas policiales a los “laicos”. Esto tiene que ver, ni más ni menos, con el nivel de valentía y coherencia de cada uno y, una vez más, se demuestra que los que se definen a si mismos como “el pueblo” son igual de intolerantes o más que aquellos a quienes critican. Una panda de llorones que se autodefinen como ejemplo de moralidad y conciencia y no hacen sino demostrar, continuamente, que son una vergüenza y que no merecen ni apoyo, ni respeto, ni legitimidad.

He dicho varias veces aquí que no soy de derechas puesto que mis opiniones distan bastante de lo que defienden dichas ideologías. Pero hay una cosa que le reconozco: tienen la fama que merecen. La izquierda, sin embargo, sigue ensalzando las banderas de la tolerancia, de la libertad, del progreso y de la paz. Y después de haber demostrado una y mil veces a lo largo de la historia que todo eso es mentira, la gente sigue creyéndolo. Sigue pensando que ellos son “los buenos”. Sigue pensando que ahí radica la moralidad. Y no puedo comprenderlo. No hay nada más renocoroso, más intolerante, más fanático y más falso que la izquierda, salvo la derecha. Pero como digo, a esta última ya la tenemos calada. Ahora nos queda abrir los ojos ante la otra vertiente…