Posts etiquetados ‘literatura’

Durante años notaba una cosa curiosa cuando hablaba con gente acerca de literatura o leía una entrevista de algún famoso cultureta: Todo el mundo parece tener “su libro”. Ése que les ha marcado una época, que había despertado su gusto por la lectura o, simplemente, aquél que relataba una historia que les fascinaba. Y siempre he sentido un poco de envidia. Yo nunca había tenido un libro en concreto. Más bien, había tenido demasiados en diferentes momentos de mi vida, con lo que ninguno de ellos acababa de destacar. La búsqueda se ha terminado: La rebelión de Atlas es mi libro.

Siempre he acudido a los libros buscando respuestas. Cuando uno no es demasiado listo -como es mi caso- lo que debe hacer es buscar a alguien más listo que él para aprovecharse y aprender. Por eso durante años me esforcé en leer a Aristóteles, Platón, Séneca, Descartes, Hume, Kant, Schopenhauer, Nietzsche, Stuart Mill, Bentham, Franklin,  Russel, Ortega, etc. Además de algún best-seller y unos cuantos clásicos de literatura que llenan la bibliteca de mi padre, buscando allí respuestas a las cuestiones que me llenaban de dudas en el día a día. Todas esas páginas leídas, esos pensamientos paridos por las grandes mentes y mi propio esfuerzo en entenderlos, me ayudaron a superar algunos problemas y me llevaron a otros, lo que me generaba aún más dudas y, por lo tanto, me hacían seguir buscando más y más respuestas en todas aquellas obras de hombres y mujeres que -pensaba- algo podrían ofrecerme. Lo mejor es que encima me divertí con ello.

Por todo esto, hace años que conocía la figura de Ayn Rand. Conocía las bases de su filosofía, el objetivismo, así como su influencia y popularidad. También sabía que había escrito dos novelas tremendamente importantes, pero no fue hasta hace unos meses que su nombre vino a mi memoria y descargué en mi ebook la segunda de ellas, “la rebelión de Atlas”.

He pasado dos meses pegado a este libro. Pegado a un tocho de 1300 páginas que, aunque en ocasiones abruma, no ha dejado de sorprenderme a cada instante, haciéndome pensar y dar vueltas a sus argumentos una y otra vez desde que me levantaba hasta que me acostaba, cambiando mi percepción de la realidad y dando respuesta a preguntas que, en unos casos, no habia sido capaz de responder por mí mismo, y en otros, compartía desde antes de asomarme a su historia. Y nada atrae más de un libro que encontrar similitudes con tus propias ideas a la vez que te enriquece de otras.

Como siempre ocurre, uno no está de acuerdo con todos los postulados de un autor, un personaje o una filosofía. Pero en este caso es realmente asombrosa la coherencia del pensamiento que envuelve toda la obra, igual que la empatía que uno puede llegar a sentir -en mayor o menor medida- con decenas del centenar de personajes que la recorren. Jamás en mi vida habia sentido tal admiración por un protagonista y tampoco había llegado al extremo de replantearme tal cantidad de mis propias ideas por aquello que había encontrado en un libro. Bien, ha ocurrido. Y me cuesta creer que haya necesitado tantos años y tanto recorrido para llegar a conocer una obra que, para mí, verdaderamente, es una de los grandes. El típico tocho que no puede faltar en ninguna casa y que debe ser prestado a los jóvenes que disfrutan de la lectura, siempre que estén preparados para apreciar todo lo que puede ofrecer.

La rebelión de Atlas es un libro revolucionario. Tremendo. Uno de esos libros que te pueden gustar más o menos, parecerte demasiado largo o aburrido, descriptivo hasta lo insospechado y en ocasiones demasiado profundo. Pero lo que es innegable es que cuando el lector se sumerge en su mundo ya no puede salir. Y cuando lo hace, algo es un su cabeza se habrá tambaleado, o directamente, cambiado por completo.

Esta obra es universal. Tiene un abanico de personajes tan perfectamente caracterizados, tan etiquetables y representativos del mundo en que vivimos que resultan escalofriantes. Tiene una historia absolutamente monumental. Ficticia, pero tan ligada a nuestro mundo y su desarrollo que es imposible no compararla con lo que está ocurriendo actualmente en nuestro planeta (y si tenemos en cuenta que fue publicada en 1957 eso es un mérito más). Abarca tantos temas y desde unas perspectivas tan revolucionarias que uno no sabe que parte de sí mismo quedará libre de su influencia. Rand habla de razón, de moral, de economía, de capitalismo, de amor, de traición, de lealtad, de sacrificio, de respeto, de política, de filosofía, de historia, de la vida, de la muerte….del ser humano. El libro lo abarca todo, con todos sus personajes pugnando por ver con cuál de ellos se sentirá más identificado el lector, mientras a su alrededor las luchas, las dificultades, el sufrimiento y la calma nos arrastran página tras página durante meses.

Porque esa es otra. Quién esté acostumbrado a leer un libro en dos semanas o un mes, que se vaya olvidando. Este libro es para leerlo despacio. Saboreando cada palabra como si de un buen vino se tratara. Comparando las ideas que ofrece con las nuestras propias. En definitiva, profundizando en él. Y da igual cual sea el resultado. No importa si tras terminarlo nos hacemos admiradores acérrimos de Rand. No importa si estamos completamente en contra de todo lo que su obra destila. Ni siquiera importa si nos decepciona o nos maravilla (como ha sido mi caso). Es imposible leerlo y no sentir al menos un ligero cambio en nosotros mismos.

Más de uno se habrá dado cuenta de que, en un post dedicado a un libro, no he dicho una sola palabra acerca de su argumento. La razón es simple: No pienso hacerlo. Quiero manipular a todos los que lean este post. Lo reconozco. Quiero que les pique tanto la curiosodad como para acercarse a la biblioteca más cercana y empiecen a leer la novela sin mirar la contraportada siquiera (y mucho menos el prólogo).

Creo que la razón por la que este libro ha pasado a significar para mí lo que significa hoy es por la sencilla razón de que me acerqué a él sin ideas preconcebidas. Sin conocer nada de su historia, ni el nombre de sus personajes, ni un mísero dato acerca de su trama. Sólo de esa manera el lector podrá sentir la satisfacción que representa navegar por sus páginas.

Las mejores 1300 páginas que he leído nunca. Y yo no soy alguien con facilidad para hacer afirmaciones de este tipo (que luego las propias palabras son muy indigestas). Hay que arriesgarse. Sólo así podréis disfrutar de la respuesta a la gran pregunta:

¿Quién es John Galt?

Yo ya lo sé. Ahora os toca.

Tschüss.

“-Evey: ¿Quién eres tú?
-V: ¿Quién? Quién es solo la forma de la función qué, ¿y qué soy? Un hombre con una máscara.
-Evey: Sí, eso ya lo veo.
-V: Naturalmente. No cuestiono tu capacidad de observación, simplemente señalo lo paradójico que es preguntarle a un hombre emascarado quién es.
-Evey: Oh. Bien.
-V: Pero en esta noche tan prometedora, permíteme que en lugar del banal sobrenombre sugiera el “carácter” de esta dramática persona… Voilà! A primera vista, un humilde veterano de vodevil en el papel de víctima y villano por vicisitudes del destino. Este visage, ya no mas velo de vanidad, es un vestigio de la vox populi, ahora vacua, desvanecida. Sin embargo, esta valerosa visión de una extinta vejacion se siente revivida y ha hecho voto de vencer el vil veneno de estas víboras en avanzada que velan por los violentos viciosos y por la violacion de la voluntad.
El único veredicto es venganza; vendetta, como voto, y no en vano, pues la valia y veracidad de ésta un día vindicara al vigilante y al virtuoso.
La verdad, esta vichyssoise de verborrea se esta volviendo muy verbosa así que solo añadiré que es un verdadero placer conocerte y que puedes llamarme V.
-Evey: ¿Eres una especie de maniaco?
-V: Estoy seguro de que eso diran. Pero ¿Con quién, si no es indiscrecion, hablo?
-Evey: Me llamo Evey
-V: ¿Evey? Con V. Claro, como no
-Evey: ¿A que te refieres?
-V: A que yo, al igual que Dios, ni juego al azar, ni creo en la casualidad.”

Ayer ví por cuarta vez una de mis películas favoritas en los últimos años: V de Vendetta.

Desde que se emitió la película hubo bastante revuelo en torno a la figura de Alan Moore, guionista de la novela gráfica, quién se desmarcó completamente del proyecto al considerar que se alejaba bastante de aquello que él y el dibujante David Lloyd habían hecho en el comic. Esos comentarios me hicieron dudar en su día de si la película mantendría un buen nivel de calidad, ya que varias veces me he visto decepcionado por las películas que cogen un personaje de comic y -aprovechando su tirón- crean productos de mierda que en nada hacen honor a las historias que durante décadas llevo disfrutando en formato papel (véase la trilogía de Spider-man, Hulk, Lobezno y, en menor medida, la saga de X-Men)

Sin embargo he de reconocer que este film me entusiasmo sobremanera. Principalmente porque, aunque deja de lado algunos aspectos de la trama, mantiene la idea original. Sin olvidar que considero su guión realmente bueno y que la obra, en general, gana mucho con la puesta en pantalla: la ambientación, los efectos especiales y la tremenda banda sonora le da un plus que yo aprecio bastante.

Pero puede parecer aquí que éste sea un post para diferenciar la película de la novela y matizar la calidad de la primera, cuando no es así. En realidad lo que de verdad me encanta es la riqueza de la historia y ésta la misma en ambos casos.

V de Vendetta es una verdadera maravilla por derecho propio. No sólo porque tiene todo lo que se le puede pedir a una buena historia: Personajes buenísimos, una trama enrevesada y llena de sopresas, un elenco de secundarios tremendamente sólidos y representativos, un conflicto entre idealismo y pragmatismo y ese aire de “revolución” que tan atractivo resulta siempre. Lo verdaderamente interesante de la historia es la complejidad que encierra entre líneas, la cantidad de referencias a la historia y al arte que incluye, las continuas analogías que mantiene con las sociedades actuales y el tono a literatura que envuelve toda la obra. Incluye citas de algunos de los clásicos de la literatura más famosos de una manera perfecta, completamente integrados en el guión, lo que ayuda a que dichos clásicos interesen al gran público en su intento de conseguir repetir esas sensaciones y aumentar sus conocimientos de los mismos. Por si fuera poco inventa conflictos sociopolíticos tremendamente reales, en una distopía que pone de manifiesto  el grado de importancia que el miedo puede llegar a tener para una sociedad con la importancia de la cultura y los ideales como elementos motores del mundo. Ahí es nada.

Probablemente la culpa de todo esto la tiene Alan Moore. Este agrio melenudo es, junto a Frank Miller, el guionista de cómics que más ha ayudado a acercar este formato al gran público y hacerle comprender  que pensar en él como una cosa para niños, es una tremenda gilipollez. La profundidad de su guiones y la calidad de sus historias quedan a años luz de muchas de las producciones cinematográficas que año tras año inundan las salas de cine y las estanterías de dvd de los centros comerciales, demostrando, una vez más, que una buena historia siempre será buena sea cual sea el  medio, mientras se haga de manera fiel y honrada.

Me alegra decir que es algo que, parece, se está empezando a comprender en la industria. Productos como Sin City, 300, Kick-ass y la misma V de Vendetta (todas bastante fieles a sus homónimos en papel) así lo demuestran. Cierto que algunos ejemplos, como Watchmen, fueron un fracaso. Pero en su caso fue más culpa del tamaño de la obra original, demasiado y compleja grande para una película de dos horas de duración. Sólo espero que se confirme el dato que leí no hace mucho, acerca de la nueva película de Lobezno, que se basará íntegramente en la saga de Frank Miller y Chris Claremont: Honor. De ser así tendremos otra obra maestra para disfrutar tanto en papel como en pantalla.

Amén.

Chao