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Michel Eyquem de Montaigne (1533-92)


En ocasiones, cuando uno lee un libro, siente que hay una “conexión” especial. Son casos bastante raros, pero cuando ocurre, cuando uno siente eso, es difícil abandonarlo. Al mismo tiempo, encontrar esos libros pueden ayudarnos a solucionar determinados aspectos de nuestra vida ya que, bueno ¡alguien estuvo en nuestra misma piel! Siempre podemos probar a imitarlos con la esperanza de conseguir una solución.

Algo así he sentido al meterme en las páginas de Montaigne, la última obra escrita por Stefan Zweig. Lo mejor de todo ha sido que he tenido dicha sensación por partida doble, ya que Zweig se sentía, a su vez, identificado con el francés. Yo me he sentido afín a ambos. Sobra decir, además, que es muy difícil encontrar un mejor biógrafo que Zweig, puesto que su estilo, lejos de dar miles de datos, nos lleva a lo esencial, a la persona. Y lo hace de un modo y con Una calidad que se hace difícil dejar de leer.

http://www.stefanzweig.org/asp0f.htm

Stefan Zweig (Viena, Austria, 28 de noviembre de 1881 – Petrópolis, Brasil, 22 de febrero de 1942)

A lo largo de estas páginas he compartido multitud de argumentos y experiencias. El gusto por la soledad, el amor a los libros, el odio hacia aquello que nos es impuesto, y ese sano estoicismo que, cuando no encontramos ya ninguna respuesta, parece calmar una gran parte de la intranquilidad de la vida.

Montaigne no era un anacoreta, pero disfrutaba de la soledad. No renegaba del mundo, pero los mejores momentos que tuvo fueron junto a su biblioteca. No carecía de amigos, pero las respuestas las buscaba en sus libros. Un hombre que no sabía pensar sin escribir, que no se consideraba brillante ni estúpido y a quien el odio por la guerra y la violencia le llevo a ignorar toda ofensa y discusión, sabedor de que su tiempo escapaba a su control y de que su vida no sería más placentera por ello.

Disquisiciones todas que, en mayor o menor parte, yo mismo he sufrido y con las que me he sentido identificado, razón por la que recomiendo su lectura como manera de acercarse a un hombre que se convirtió en maestro sin quererlo, cuya palabra alumbra cada día más (porque está de moda) y que fue, ante todo, un hombre libre que trató de vivir la vida que el quería sin dañar a nadie.

Y todo ello de la mano de uno de los mejores narradores que ha habido. Pequeño, conciso y magnífico. Merece la pena.

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