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Tú a tu ritmo…

Publicado: 24 marzo, 2011 en Post Libres, Viñetas
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Viñeta motivadora para mi buena amiga Beatriz E. a la que le cuesta especialmente comenzar la semana.

Chau.

Hace unas semanas una antigua compañera de universidad me ofreció la oportunidad de trabajar en su agencia de publicidad a lo largo de una campaña de un mes. La idea era coordinar la web de la acción y, en suma, controlar un poco la cuestión para que todo funcionara correctamente. Un trabajo sencillo y bien pagado ¿La pega? Debía currar todo el mes seguido. Una semana para aprender a manejar programas, conocer a la gente y aprender a desenvolverme y luego 22 días de campaña (CazaJuke, espero que os suene).

Hoy se cumplen dos semanas, con sus correspondientes fines de semana, desde que comencé aquí. Y lo cierto es que la experiencia está siendo muy buena. El ambiente es genial: una agencia de una vientena de empleados donde, además de la profesionalidad, prima el buen rollo, la risa y las ganas de hacer cosas originales. Sin olvidar un trabajo sencillo, suficientemente atareado para no estar pintando la mona en la oficina, pero la suficientemente relajado como para no llegar a casa todos los días con un puto ataque de nervios.

Evidentemente, como todo, tiene sus contras. A día de hoy, estoy un poco hecho polvo. Siempre he sido un vago de cojones y la experiencia de venir a trabajar todos los días, con sus sábados y sus domingos, me está costando un poco. Bueno, más que venir, lo que me está costando es tener que renunciar a planes “para mí”: unas copas con los amigos, salir a conocer gente, ir al cine o quedarme despierto hasta tarde leyendo, viendo una peli o escribiendo. Y ahí está el quid de la cuestión.

Durante toda mi vida he pensado que se trabaja para vivir. Nunca al revés. Las personas que he conocido a lo largo de mi vida que le echaban horas y horas a su trabajo -consiguiendo en muchos casos el éxito profesional por ello- siempre se han merecido mi respeto, pero nunca he podido compartir su manera de pensar y actuar. Para mí, mi vida siempre estará fuera de una oficina. Estará con mi familia, mis amigos, mis libros y mis hobbies.

Lamentablemente eso tiene un precio, y es que quizá nunca destaque en un trabajo.

Otra opción es que tu empleo coincida con aquello que te gusta hacer. Eso, tal como dijo Voltaire -y muchos otros-, es una bendición. Levantarte cada mañana para hacer lo que te gusta y poder vivir de ello creo que es una de las bases para ser feliz en la vida. Quizá por encima de otras muchas a las que nos tienen acostumbrados el cine o la literatura. En un mundo como el actual, dónde las jornadas laborales cada vez son más difusas, en el que los móviles 3G, la blackberry o el iPhone te mantienen encadenado al trabajo -La prueba de ello es que el puñetero móvil te lo dan ellos- durante todo el día , la necesidad de tener tiempo para ti se puede convertir en una obsesión, pero si la relación entre tu vida personal y laboral es placentera, esa sensación desaparece.

A mí me gusta escribir. Y dibujar. Quizá no de cualquier tema, algo que he hecho cientos de veces en periodismo, pero es algo que no me hacer sentir que “trabajo”. Y a día de hoy todavía sueño con ser escritor o dibujante y poder vivir de unas aficiones en las que sé que podría desarrollar todo mi potencial, si es que lo tengo.

Pero mientras llega ese momento, queda un tercera vía, que es la que estoy experimentando estos días: la de venir al trabajo sin morirme del asco. La gente, el ambiente y, por supuesto, el trabajo, son agradables y así todo parece más fácil . Y la vida, mejor. Me alegro de haber mandado a la mierda mi último, e insoportable, trabajo para volver a empezar. Al menos he recuperado la esperanza.

No soy nadie para dar consejos, pero quizá a alguien le valga éste: Procurad no desviaros de lo que queréis, porque nada retrasa más que tener que rehacer el camino. Ahora bien, si tenéis que hacerlo -porque la vida es así de puta-, confiad en vuestro instinto: cuando algo no funciona lo mejor es cortar con todo y hacer otra cosa. A mí me funcionó.

Suerte.

Chau.