EL DUELO Y LA REVANCHA.

Publicado: 10 enero, 2011 en Artículos, Literatura, Post Libres
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Hace ya un par de días que ando leyendo el libro del expresidente de la comunidad de Madrid, Joaquín Leguina: “El duelo y la revancha”. Uno de los mejores análisis acerca de la implantación de la Ley de la memoria histórica en nuestro país -y de las consecuencias de la misma-, que he tenido el placer de leer en medio alguno.

Destacado miembro del partido socialista hace años, Leguina seduce al lector por la coherencia e ironía con la que es capaz de cerrar las bocas de sus compañeros de partido y miembros de la izquierda española en general, sin por ello abrazar al de enfrente y manteniendo siempre muy claro su pensamiento acerca del asunto. Todo esto unido al hecho de que su texto alberga razonamientos muy ciertos, por lógica, y muy loables, por el fin que persiguen, que no es otro que la superación definitiva del conflicto que significó la Guerra Civil para España y los españoles. Hay que tener cierta  valentía para meterse de lleno en un tema de tanta sensibilidad como aquél, del que más de uno y dos han salido escaldados a lo largo de los años.

Básicamente la obra lo que trata es de desmontar muchos de los mitos de jujana que se han ido desarrollando en los últimos años, y que muchas veces se han encargado de crear, a base de demagogia y muy poca vergüenza, los políticos en activo de nuestro país: las críticas a la Transición por su “debilidad”  con el bando franquista, la supuesta herencia de nuestra democracia con la de la II República, o el acoso sufrido por Baltasar Garzón en su intento de juzgar el franquismo. Temas todos ellos que supusieron un gran revuelo y que despertaron rencores que nunca parecen desaparecer del todo. El autor hace hincapié varias veces en el derecho y la necesidad de los familiares de las víctimas a enterrar a sus muertos –a todos-, como paso previo al acto de pasar página que desde hace tantos años la gran mayoría de los españoles está esperando. Pero quitando de en medio una gran cantidad de disparates que se oyeron durante aquellos días y respondiendo, uno por uno, a todos aquellos que criticaron –e insultaron en algunos casos- a su persona en diversos medios de comunicación y con la “verdad” –la suya- por bandera.

Personalmente todos esos tópicos que se fueron pariendo, y a los que alegremente su fueron sumando políticos, supuestos referentes del mundo de la cultura y muchos otros ciudadanos de distinto pelaje, me ponen de mal humor. Por la sencilla razón de que en multitud de ocasiones son falsos, en muchas otras surgidos de una temible incultura y, casi siempre, fruto de una profunda sed de venganza, puesto que lo que todos estos “antifranquistas sobrevenidos” –como los llama Leguina- buscan, es ganar de cara a la historia la guerra que sus abuelos o padres perdieron, tristemente, en vida. Y lo siento por ellos, pero la historia es la que es y no cambia por mucho que se repita hasta la saciedad la técnica de Goebbels: “Una mentira dicha mil veces acaba convirtiéndose en verdad”.

Es de agradecer que un miembro de la izquierda española sea capaz de mantener los ojos abiertos y ser crítico ante el desmadre que se ha producido. Porque cuando los palos vienen del bando contrario se tarda muy poco en achacarlo a los “fachas”, la “derecha” o cualquiera de los apelativos que se le imponen a cualquiera que no comulgue con las ideas de la progresía de este país. Pero cuando la crítica viene de tu propio bando ya es harina de otro costal. Máxime cuando se hace bien escrita, respaldada por cifras, datos,  opiniones con fundamento y sin caer en los topicazos de la derecha, que –ésa es otra- también los hay.

Leguina muestra en este libro que, gracias a Dios, todavía quedan entre los partidos políticos de España gente de cierta cultura, con capacidad para analizar y aceptar los propios errores y, lo que es aún más importante, con arrestos suficientes para defender la tarea ya hecha y su objetivo final: Perdonar sin olvidar. Único modo de superar las páginas más sucias y negras de la historia de nuestro país. Porque la imposición de una visión única de la historia a golpe de ley, con un bando “bueno” y el otro “malo” en nada ayudará a superar y comprender la Guerra Civil, ni tampoco al desarrollo de nuestra democracia, que tanto costó implantar a la generación de políticos de la década de los 70 y que ha sido, durante años, un ejemplo a ojos de la comunidad internacional.

A diferencia de Joaquín Leguina, yo no soy una persona conocida, ni nadie de los que me lea conoce mi trayectoria y pensamiento, así que lo dejaré claro aquí: No soy un facha. Ni soy de “derechas” aunque les haya votado en el pasado. De hecho, me siento más cercano al pensamiento de la izquierda en la mayoría de sus ideas fundamentales. Pero eso no significa que trague, ni que me guste soportar, las ingentes mentiras y raciones de basura demagógica que PSOE, IU y en general todos los llamados izquierdistas de España, intentan meternos con calzador desde hace varios años. Todo ello mientras se anudan al cuello la bufanda de la tolerancia y la libertad, cuando no hay nada más intolerante que la izquierda española, puesto que sólo ellos tratan de imponer su ley en los tiempos que corren, marginando e insultando a todos aquellos que no bajen la cabeza y acepten la norma –bueno, alguno más hay, pero cuatro descerebrados no me preocupan tanto como el tema que nos ocupa-. Y no hablo de política o instituciones, sino de la misma calle que pisamos. La democracia es el mejor sistema político que existe, sí, pero no es aplicable a todos los ámbitos. Y tratar de que una mayoría crea en una idea equivocada no hace que ésta sea cierta. La verdad es la que es y no está sujeta a votos, elecciones, ni mayorías absolutas de unos y otros.

Recomiendo a todos la lectura del libro, en el que encontrarán muchas más cosas interesantes de las que pueda incluir yo en este post. Y con un poco de suerte a alguno se le encienda la bombilla y en la próxima discusión sobre el tema que haga en el bar de copas con los amigos ponga los puntos sobre las íes en esta o aquella cuestión. A lo mejor así creamos cantera y unos cuantos comprenden que no sólo los que llevan flequillo están en contra de tanta tontería.

Doscientas páginas que saben a bocanada de aire fresco. Palabra.

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comentarios
  1. Aarón dice:

    Muy buen post, Jaime. De verdad. No he leído el libro, pero me han entrado ganas de hacerme con uno y echarle un vistazo. Como el libro de Leguina, tu post es ordenado, dices las cosas claras, de forma lógica. A veces pienso que es una pena que posts como estos no puedan llegar a más gente que los amigos que te leemos. Porque un texto como este merece ser propagado.

    Un abrazo, socio.

  2. Se agradece jefe. Un abrazo!

  3. Antonio dice:

    Enhorabuena por este post. He accedido a él a través de la charla de Leguina en elmundo.es
    Y yo que pensé que jamás podría votar a la izquierda… Pero a ésta sí que la votaría!

  4. Con el panorama que tenemos actualmente…quién no?! Gracias por el comentario 😉

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