Millones de personas en el mundo claman contra el capitalismo, contra sus consecuencias y prácticas, contra la visión de mundo que éste supone. Y sin embargo ¿Es capitalismo aquello que denunciamos?

Si atendemos a su definición, el capitalismo no existe actualmente. El capitalismo puro, laissez faire, es a día de hoy pura entelequia. Siendo como es la base del capitalismo la absoluta libertad económica, la independencia total de la economía frente al poder político, el ya lejano “dejadnos en paz” de los productores contra los gobiernos, podemos decir que hoy no existe un sistema capitalista en ningún rincón del mundo. Hay países con mayor libertad y países con menor libertad, pero no la hay en sentido absuloto y eso, por ser su base, anula el concepto.

¿Cuál es entonces el sistema en el que vivimos?

En los últimos siglos, los sistemas que han optado por una clara intervención de la economía por parte del estado han sido de izquierdas. Algunos, como el comunismo, de una manera total, otros, como el fascismo (que es un movimiento de izquierdas, por mucho que se use el erróneo término de “extrema derecha”), dando una mínima libertad. Pero el sistema actual, el que aplican los países de todo el mundo hoy día y que defiende un mayor o menor equilibrio entre control por parte del estado y libertad es el socialismo. Ésa es su esencia.

Los momentos de la historia en los que mayores errores se han cometido han tenido siempre la mancha del intervencionismo estatal. El lastre de aquellos que nada producen sobre aquellos que sí lo hacen. El dominio del número o la fuerza, frente a la capacidad. La influencia de las regulaciones que impiden el desarrollo de la riqueza y que alteran la libre competencia.

Entonces, si todos los datos empíricos apuntan a que es el intervencionismo de los gobiernos la base de los problemas contra los que clamamos, si la historia demuestra que los períodos en los que el intervencionismo ha sido menor han sido los más prósperos, si somos conscientes de que es en ellos cuando el nivel de las ciencias y la industria ha avanzado más que en toda la historia, si los datos constatan que de la mano de esa libertad han venido siempre la prosperidad y la caída de los niveles de pobreza ¿Por qué criticamos el capitalismo y no el socialismo, que es el sistema que en realidad impera? Repito ¿Por qué?

Lo único que se me ocurre: por ignorancia. Seguimos el grito de la manada, el barrunto del rebaño. Sin creer o confiar en nuestra propia opinión a pesar de las certezas que la experiencia aporta. Estamos hundidos en una falsa moral que tergiversa y obstruye la realidad y tememos aceptar como cierta cualquier opinión que no goce del respaldo de una mayoría o un grupo medianamente numeroso.

No vivimos en un mundo capitalista, sino socialista. El “sistema” que tanto atacamos es, en realidad, el mismo que supuestamente defendemos. Hemos focalizado nuestro odio hacia una cabeza de turco, al igual que se hizo muchas veces atrás en la historia. Y la demagogia y el discurso fácil nos han cegado a la realidad. Nos negamos a comprenderla, a investigarla y a conocerla para formarnos una opinión cierta. Más grave aún, nos negamos a aceptarla y, en lugar de extraer del mundo teorías, tratamos de imponer al mundo las mismas. Modificamos los datos objetivos, alteramos la historia y confundimos los términos de manera que frenamos y añadimos dificultades a nuestro propio avance. Y si bien éste es imparable, pues la base del conocimiento humano es la experiencia y ésta siempre va a más, es lamentable ver cómo nos ponemos trabas a nosotros mismos.

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